Una luz para alumbrar dos mares. La torre vigía y el faro de Cabo de Palos

Plano de costa de 1774 que comprende desde el Castillo de los Terreros hasta Torre Horadada. Archivo General de Simancas

Tres décimas de luz, 2,2 segundos de ocultación. Tres décimas de luz, 7,2 segundos de oscuridad. Mediante estos dos destellos de luz blanca de tres décimas en un periodo de diez segundos, el faro de Cabo de Palos alumbra día tras día al caer la noche su área circundante bañada por las aguas de dos mares: el Mediterráneo y el Mar Menor.

Desde lo más alto de uno de los accidentes geográficos costeros de mayor importancia de la Península Ibérica, el faro goza del selecto paisaje de uno de los pocos rincones del Mediterráneo (Mar Mayor para las gentes de esta tierra) donde el sol sale y se pone por el mar.

Vista aérea del Faro de Cabo de Palos en febrero de 1934. Fuente

La península de Cabo de Palos se encuentra junto al Mar Menor, pero fuera del alcance de sus aguas, una albufera de agua salada de 170 km2 situada en una extensa planicie litoral denominada Campo de Cartagena. En su costa destaca la presencia de numerosas playas, salinas y cabezos, además de islas de origen volcánico a ambos lados de La Manga, lengua de tierra que separa el Mar Menor del Mediterráneo. Mientras, en las inmediaciones del cabo se encuentran las islas Hormigas, islotes rocosos que son la continuación geológica de este accidente geográfico que fue sin duda el cabo más importante de este litoral y claro punto de referencia para la navegación peninsular y norteafricana.

Una costa de naufragios que también tiene mucho que contar en fechas anteriores a que el Faro de Cabo de Palos alumbrase este lugar por primera vez al caer la noche del día 31 de enero de 1865.

Nuestro cabo, para muchos el cabo de Saturno mencionado por Plinio el Viejo en su Naturalis historia y el Iugum Traete mencionado por Avieno en su Ora Maritima, tiene en su toponimia actual fuertes vínculos con su vecina albufera. El Mar Menor, conocido en época romana en palabras del propio Avieno como immensa palus, fue denominado de igual forma en época andalusí junto a términos como Belis o Belich.

En este periodo Cabo Palos fue conocida como Qabtil Tudmir, es decir el “cabo de Tudmir”, recibiendo así el nombre de la cora a la que pertenecía, tal y como aparece en la obra de al-Bakri del siglo XI relacionándolo con el fondeadero norteafricano de Màrsa Magila. Pero el término de palus que anteriormente daba nombre a la albufera pasaría a denominar al cabo a partir del siglo XIII, tal y como se puede observar a través del estudio de las cartas náuticas y portulanos de época bajomedieval. Así el Mar Menor tendría el origen de su actual denominación en este periodo al llamársele Buhayrat al-Qasr, que vendría a significar “mar chico” o “albufera del Alcáçar”, tal y como por ejemplo recoge Hazim al-Qartayanni en su obra del siglo XIII la “Qasida Maqsura”.

Sería precisamente en esta época andalusí cuando no habría que descartar la existencia de alguna construcción defensiva o de vigía en este cabo, tal y como la que señala Hazim al-Qartayanni con el topónimo de al-manar (el faro) en este entorno en el siglo XIII. Mientras, en época bajomedieval, el Libro de Montería de Alfonso XI hace referencia a la presencia de robles, encinas y otras especies arbóreas en las zonas limítrofes a las playas del Mar Menor como en Cabo de Palos.

Plano anónimo del Mar Menor de época moderna (Archivo de la Real Chancillería de Granada). Fuente

En el siglo XVI se tiene constancia de la existencia de una atalaya, según se puede extraer de un informe de Sebastián de Cufre del 1562 y de una carta del Marqués de los Vélez de 1564 en la cual se relata que “la torre de Cabo de Palos está totalmente arruinada desde que la volaron los moros”, pudiendo ser la ordenada construir por Carlos I al Concejo de Cartagena en 1554.

No será hasta la construcción de la torre vigía de San Antonio o de San Ginés, entre finales de 1580 y principios de 1581, cuando Cabo de Palos cuente con una verdadera protección para sus tan castigadas costas por los peligros de Berbería. Fue proyectada como uno de los elementos defensivos fundamentales en el plan de defensa costera de Felipe II por ser su entorno un recurrente nido de piratas y corsarios. Aprobada su obra por el monarca el 10 de mayo de 1578, el alcalde de Cartagena empezó a cobrar impuestos para sufragarla mientras que el corregidor de Murcia Jorge Manrique de Vargas, ordenó seguir los planos de Juan Bautista Antonelli y encargó al maestro de obra Pedro de Aguilar su ejecución. Según aparece relatado en un informe de Francés de Álava enviado al rey el 28 de febrero de 1581, la torre de Cabo de Palos era una de las seis torres de vigía que se habían terminado de construir en las costas del Reino de Murcia.

Ya durante el siglo XVII se tiene constancia del mal estado de la torre vigía, siendo necesarias una serie de reparaciones a cargo del Adelantado Mayor y Capitán General del Reino de Murcia, el Marqués de los Vélez. En este mismo siglo la torre es ocupada por corsarios berberiscos en 1637 junto a la torre del Estacio y se tiene constancia de su destrucción en fechas posteriores muy próximas a ella. Esta situación provocó que los escasos vecinos y vecinas de la parte sur del Mar Menor sufriesen el cautiverio en costas norteafricanas con una frecuencia inusitada hasta la fecha, tal y como relata Gerónimo Reynaldi indicando que hasta quinientas personas en cosa de dos años fueron llevadas como cautivas hasta las costas norteafricanas.

No sería hasta la década de los años setenta del siglo XVII cuando se empezó a edificar la nueva Torre de Cabo de Palos, siendo adjudicada su obra a Bautista Balfagón, armándola con dos cañones de hierro en tiempos del rey Carlos II. Esta torre estaría conectada al norte con la torre del Estacio y al oeste con la torre de Portmán, encontrándose entre estas dos atalayas: la de los Juncos y la de las Moscas.

Plano de 1799 de la torre vigía de Cabo de Palos. Fuente

Según informes de los siglos XVIII y XIX como los de Juan José Ordavás y Constantino Germán, la torre sería de planta hexagonal, contando cada uno de sus lados con unos 8 metros de longitud y un perímetro de 50 m2 en la base. Tendría una altura de 14 metros y sus muros unos 4 metros de espesor, decreciendo en altura para ofrecer un perímetro de 45 m2 en la azotea.

La torre construida con mampostería y sillares estaba articulada en tres partes: la bóveda inferior donde se encontraba el aljibe, el cual se llenaba recogiendo el agua de lluvia de la batería mediante canalizaciones; la bóveda superior que estaba habilitada para albergar pólvora y donde se encontraba la puerta de acceso, con un relieve en piedra de San Ginés en lo alto, una escalera de caracol y un brocal de aljibe; en la batería o azotea se situaba la habitación de los torreros, una sala para repuestos y un matacán. Cuatro cañoneras artilladas con cuatro cañones armaban a la torre y un alcaide y tres torreros la defendían.

Tras varias reparaciones durante el siglo XIX, será en esta centuria cuando se cuestione la utilidad defensiva de esta torre, pasando a manos del Cuerpo de Carabineros en 1851 mientras que el Ministerio de Guerra y Fomento comienza a plantear su demolición para edificar en su lugar un faro para alumbrar estas peligrosas costas que tantos naufragios podía ocasionar.

Aunque algunas voces defendieron su utilidad defensiva o como estación telegráfica, llegando a pensar incluso el ministerio de fomento en reutilizar la torre como faro recreciéndola y reforzándola, la demolición fue autorizada por Leopoldo O’Donell. Se planificó la proyección del faro el 3 de julio de 1861, mientras que el 21 de septiembre se iniciaron los preparativos para demolerla y usar sus materiales para la construcción del nuevo faro. El 12 de agosto de 1862 se tira la torre a golpe de pico, palancas y barras de hierro, se rescatan sus sillares y mampostería, se acondiciona la zona y el 18 de diciembre de 1864 se finaliza la obra que terminaría culminada con el encendido del faro el 31 de enero de 1865, justo el mismo día que lo hizo el faro de Portmán.

Alzados y secciones del Faro de Cabo de Palos según Evaristo Churruca en la Revista de Obras Públicas en 1865. Fuente

Un informe del ingeniero y teniente coronel Manuel Jacome y Bejarano del año 1870 deja de forma cristalina la antigua ubicación de la torre:

En la actualidad no existe el menor vestigio de la torre, pues el faro ocupa su mismo emplazamiento.”

Hasta cuatro fueron los proyectos que se presentaron en el siglo XIX para levantar el nuevo faro, siendo elegido el del ingeniero Juan Romero Rocafull bajo la dirección del también ingeniero Evaristo Churruca.

El faro de Cabo de Palos está elevado 30 metros sobre el nivel del mar y presenta una base cuadrada de 20 metros de longitud en dos pisos de estilo neoclásico con una altura de unos 12 metros, realizado en muros de sillería de caliza reutilizados de la derruida torre vigía y de la cantera del vecino paraje del Sabinar. Presenta así una extensión de más de 370 m2 en superficie, albergando en el interior de esta estructura numerosas estancias entre las que se encuentra las dependencias del farero y la antigua escuela de torreros.

 

Faros de la Región de Murcia y las distancias de alcance de sus focos. Fuente

En el centro se alza la torre de 54 metros de altura como si de una columna de orden toscano se tratase, con vanos de arco de medio punto para iluminar y ventilar el interior de la torre. En lo alto de esta encontramos el capitel y un balcón circular de gran tamaño que es sostenido por 16 ménsulas. Sobre esta cornisa tenemos el torreón cilíndrico donde se encuentra la linterna giratoria con una señal luminosa de 24 millas de alcance, situada a 50 metros de altura de la base y 80 sobre el mar.

El aparato óptico ha sufrido numerosas variaciones desde el inicial de la casa francesa Henry Lepaute alimentado con aceite de oliva hasta su electrificación en 1960. El radiofaro omnidireccional, la sirena acústica para la niebla y una estación omega diferencial fueron añadidos en la década de los ochenta, así como la estación DGPS de 2002, mismo año en que fue declarado bien de interés cultural.

A tan solo 2,5 millas náuticas de Cabo de Palos, en la isla de La Hormiga, se inauguró en 1862 un faro rectangular que fue destruido en un fuerte temporal. Para seguir señalizando el peligro de estos bajos, se construyó otro en la década de los setenta del siglo XIX, pero esta vez con una planta circular de 20 metros de diámetro y una torre en el centro con un foco luminoso a 23 metros de altura sobre el nivel del mar que alcanza las 8 millas náuticas y que se encuentra actualmente automatizado.

El Faro de Islas Hormigas. Fuente

El faro de Cabo de Palos ha sido testigo de buena parte de los naufragios más sonados del pasado siglo en el Levante peninsular: desde el transatlántico italiano El Sirio que naufragó y explotó frente a sus costas el 4 de agosto de 1906 dejando más de 200 fallecidos, hasta las reproducciones de las embarcaciones vikingas Oseberg y Saga Siglar naufragadas en costas horadadas pero cuyos tripulantes fueron rescatados en las inmediaciones de Cabo de Palos el 3 de mayo de 1992, pasando por el buque Isla Gomera (más comúnmente conocido como el Naranjito) que naufragó frente a Cabo de Palos en la noche del 13 al 14 de abril de 1946 cargado de naranjas y que hoy yace en sus fondos para la delicia de los amantes del buceo en pecios.

Todo ello sin olvidarnos por supuesto del hundimiento del Crucero Baleares de la flota franquista a 70 millas del faro al ser torpedeado por el destructor Lepanto en la famosa batalla naval de Cabo de Palos durante la Guerra Civil el 6 de marzo de 1938. Este hundimiento provocó la muerte del almirante sublevado Manuel Vierna Belando, más de 700 víctimas del bando franquista y la victoria en la batalla del gobierno legítimo de la II República. Historias que, por su propio peso, merecen capítulo aparte.

Portada del periódico italiano “La Domenica del Corriere” recogiendo la noticia del naufragio de El Sirio. Fuente

Vecinos y turistas de Cabo de Palos tuvieron que salir a las calles en el verano de 2017, bajo la coordinación de la Plataforma Salvemos el Faro de Cabo de Palos, para defender un bien que es de todos y parar así la privatización planteada tanto por el Partido Popular como por la Autoridad Portuaria de Cartagena que buscaban darle un uso hotelero privado al faro de este entorno tan maltratado como único de nuestra costa.

Quieren por tanto alejar de Cabo de Palos a los fareros y sus familias, así como al centro de control de señalización marítima del que dependen otros ocho faros de nuestras costas. Un elemento arquitectónico único que debería seguir siendo público y buscar la compatibilidad entre la residencia de las familias fareras y la disposición de un espacio expositivo y visitable sobre la rica historia de este entorno y la Reserva marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas.

Ya sea protegiendo a sus habitantes de los corsarios berberiscos o señalando el peligro de los bajos rocosos de estas peligrosas costas, la torre vigía y el faro de Cabo de Palos alumbraron respectivamente las vidas de vecinos, turistas, pescadores y navegantes que, bien por elección propia o por imperiosa necesidad, pasaron ante este histórico cabo que les deleitó con un sobrecogedor paisaje que permanecería en sus retinas hasta el fin de sus días. Que así siga siendo bajo la luz del actual faro de todas y todos por muchos siglos más.

Plano de costa de 1774 que comprende desde el Castillo de los Terreros hasta Torre Horadada. Archivo General de Simancas

Bibliografía|

CÁMARA MUÑOZ, A., “Las torres del litoral en el reinado de Felipe II: una arquitectura para la defensa del territorio”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Tomo 4. Madrid: UNED, 1991. pp. 53-94.

DE LA PLAZA SANTIAGO, F. J., “El Faro de Cabo de Palos. Notas para el estudio de un edificio singular”, El arte del siglo XIX: II Congreso Español de Historia del Arte, Vol. 1. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2007

MOYA MARTÍNEZ, E., Las torres de vigía del litoral exterior del Mar Menor durante los siglos XVI-XX, Trabajo de Investigación Inédito. Murcia: Universidad de Murcia, 2011.

RUBIO PAREDES, J. M., Historia de las torres vigías de la costa del Reino de Murcia (ss. XVI-XIX). Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 2000.

RUBIO PAREDES, J. M., Los faros de la Región de Murcia. Cartagena: Autoridad Portuaria de Cartagena, 2001.

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