Relieves de las mesas de Tudmir: Pastel de Cierva

Pastel de Cierva de "La Peladilla". ultreia

Para unos la mezcla perfecta entre dulce y salado, para otros uno de los mejores manjares de nuestra tierra. El Pastel de Cierva es una joyica de nuestra gastronomía que no deja indiferente a nadie. Como tampoco lo hacen las numerosas historias y leyendas que surgen en torno a su enigmático origen.

Tal y como recoge el cronista Antonio Botías, según Ismael Galiana la receta fue entregada por el jefe de cocina de una embarcación rusa fondeada en el litoral marmenorense a José Antonio Lorca, el dueño de la confitería de San Javier “La Peladilla”.

El motivo de llevar el nombre de “Cierva” se debe al apellido de esta ilustre familia murciana, ya que Juan de la Cierva y Peñafiel (ministro de Alfonso XIII y padre del inventor del autogiro) era una persona muy relevante en aquellos tiempos y el pastel fue rebautizado en su honor. Mientras que unas historias cuentan que le fue ofrecido en el Mar Menor por un mercante sueco, otras  señalan que fue Juan Pardo (maestro pastelero de San Javier) el que lo realizó para una comida en La Encañizada que tenía como anfitrión a Tomás Maestre y este último le dio ese nombre en honor a su amigo Juan de la Cierva.

Otras versiones señalan que es una receta de origen alemán realizada en la casa de los abuelos de la esposa de Juan de la Cierva y Peñafiel en Cartagena, al cual le encantaba el pastel. Por esta razón Tomás Maestre envió al confitero de “La Peladilla” a casa de Jaime Bosch y More y Doña Ana Bienert Runggaldier para aprender a realizarlo y sorprender a su amigo en una futura comida.

Lo que sí que es cierto es que fue el 13 de septiembre de 1930 cuando Juan de la Cierva y Codorníu vino a presentar una exhibición de su autogiro al Mar Menor, donde él junto a otras personalidades comieron el “pastel Cierva” y caldero en la Encañizada del Estacio.

Más allá de las diferentes versiones de su origen, lo que está claro es que el Pastel de Cierva ha conseguido asentarse en la gastronomía de nuestra tierra como una de las viandas más ilustres.

Ingredientes para 4 personas:

1 kilo de harina de trigo

1/2 kilo de azúcar

1/2 kilo de manteca de cerdo

750 gr de pollo

3 huevos

1 limón

Sal

Preparación:

Como con la receta del pastelico de carne comenzaremos por la masa, para la que colocaremos la harina como si de una montaña se tratara, horadando la parte superior hasta formar un cráter. A continuación añadimos la manteca, el azúcar, la sal, la rayadura de la piel del limón y un huevo. Amasamos hasta obtener una bola consistente, la cual meteremos al frigorífico por una media hora.

Para el relleno cocemos por un lado los huevos y por otro el pollo durante una media horica para después desmenuzarlo.

Para el montaje, sacamos la bola de masa del frigorífico y la dividimos en dos. Estiramos con un rodillo una de las bolas, colocándola en un molde de unos dos dedos de altura, para a continuación rellenarlo con el pollo, el huevo troceado y unas cucharadas del caldo de la cocción del pollo. Cogemos la otra bola de masa, la estiramos con el rodillo y tapamos el pastel con ella. Con un huevo batido pintamos la superficie y horneamos a 150º durante una hora y pico hasta que se dore bien.

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