Relieves de las mesas de Tudmir: Libricos

"Libricos Yecla". ultreia

Aunque con este nombre muchos dudarían de que estemos hablando de algo comestible y menos de un postre, la mayoría acertaría la región geográfica de la que procede este dulce gracias a ese sufijo tan característico de tierras murcianas como es el “-ico”.

Sin embargo, debemos precisar que se trata de un dulce típico de la comarca vinícola por excelencia de nuestra tierra: El Altiplano. Más concretamente hablamos de Yecla, localidad de gran importancia cultural y con identidad propia que tiene en la gastronomía uno de sus mayores fuertes.

Este dulce artesanal consiste en una serie de obleas crujientes alternas con capas de miel o chocolate que se elaboran en diferentes tamaños y suelen ir decoradas con grabados de elementos característicos de la cultura yeclana como la Basílica de la Purísima o la Virgen del Castillo.

Estas pastas dulces gozan de gran popularidad en el Altiplano, siendo especialmente consumidas en fiestas y celebraciones. Por suerte, la marca artesana Libricos de Yecla sigue en pie de guerra elaborando este dulce artesanal desde 1850 para que tan suculento manjar no caiga en el olvido.

Bien los compres para consumo propio o como recuerdo de una visita a Yecla, los libricos siempre son una buena elección para culminar una comida o saciar el hambre entre horas con su dulzor característico. Es por ello que muchos seguimos sin comprender como no se ha popularizado su consumo en cada picoesquina de nuestra tierra más allá del Altiplano, tanto como lo han hecho sus buenos caldos en la gastronomía murciana.

Ingredientes:

150 gramos de harina de trigo

60 gramos de aceite de girasol

70 gramos de azúcar

350 mililitros de agua

2 cucharadas de anís en grano

1 huevo

Miel

Preparación:

Para elaborar las obleas, ponemos en un cuenco el agua, y a continuación añadimos en este orden el resto de ingredientes: la harina, el huevo, el azúcar, el aceite y una cucharada de anís. Removemos bien con una varilla hasta tener una mezcla liquida y sin grumos.

A continuación ponemos a calentar una sartén antiadherente y vertimos la mezcla hasta que esta ocupe todo el fondo de la sartén con una fina capa. Pasado un minuto cuando esté ya sólida, le damos la vuelta con mucho cuidado de que no se rompa y la calentamos por el otro lado. Haremos tantas obleas como nos de la mezcla.

Una vez estén frías las obleas, cogemos una y cubrimos la cara superior con una capa de miel. Ponemos otra oblea encima, volvemos a cubrir con miel y coronamos con una tercera oblea. Dejamos asentar bien el conjunto y cortamos de forma rectangular aprovechando al máximo el área de las obleas.

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