Relieves de las mesas de Tudmir: Jallullo

Jallullo. ultreia

Aunque su rimbombante nombre llame la atención de cuantos lo oyen, el jallullo es uno de los grandes desconocidos de la gastronomía de nuestra tierra. Difícil resulta localizarlo en la Región de Murcia lejos de la comarca natural del río Guadalentín, siendo Aledo, Totana y Lorca sus mayores feudos en los que resiste este tradicional plato al inexorable paso del tiempo.

La carne y la harina son los dos principales ingredientes que conforman la estructura básica de esta receta, recordándonos a platos tan asentados en nuestra cultura culinaria como las gachasmigas. Aunque el empleo de la harina en este plato conlleve hervirla, los paralelismos con las migas los encontramos sobre todo en la carne. La utilización de embutidos del cerdo de matanza como morcilla o longaniza, o el uso de especias tan arraigadas en el Sureste como el pimentón, no hacen más que recordarnos continuamente a que cultura gastronómica pertenece esta receta.

Ya sea empleando tropezones de carne o sustituyéndolos por pescado como el bacalao, degustar esta joyica de nuestra gastronomía supone adentrarse en una tierra árida marcada por alturas y frondosos paisajes como los de Sierra Espuña. Si decidimos maridar con un buen tinto de la tierra de Aledo, este viaje gastronómico por el Valle del Guadalentín pasa a mayores.

Ingredientes:

1/2 kilo de harina

1 litro de agua

1 cebolla

1/4 kilo de longaniza

1/4 kilo de morcilla

Aceite de oliva

Pimentón

Pimienta

Sal

Preparación:

En primer lugar cortamos la longaniza en trozos de unos cuatro dedos y la freímos en una sartén junto a las morcillas con un poquico de aceite. Apartamos la carne y en ese mismo aceite puesto en una olla freímos la cebolla picada con una cucharadica de pimentón.

Añadimos al sofrito un litro de agua, le echamos una pizca de sal y pimienta y ponemos a fuego medio hasta que rompa a hervir, momento en el que empezamos a añadir harina poco a poco sin parar de remover en ningún momento hasta que veamos que la mezcla vaya cogiendo la consistencia adecuada, similar a unas gachas.
Una vez listo, servir en un plato con la longaniza y la morcilla encima.

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