Huerta, pólvora y la séptima corona. La batalla del Huerto de las Bombas y la Guerra de Sucesión

Plano de la Huerta de Murcia de 1809 (Pablo del Villar)

Murcia, 4 de septiembre de 1706. En las inmediaciones de la conocida como Casa del Huerto de las Bombas se produjo un enfrentamiento que determinaría el devenir de la Guerra de Sucesión Española en el Reino de Murcia y el papel de este territorio durante este siglo bajo la nueva dinastía monárquica implantada en España.

Este guerra comenzó tras la muerte sin herederos de Carlos II de España el 1 de noviembre del 1700, un conflicto que se acabó convirtiendo en una cuestión de hegemonía política internacional que enfrentaba principalmente a Austria y Francia. Con el decadente estado de la monarquía española, la ausencia de descendencia de Carlos II convertía a sus territorios en un bocado muy apetitoso para el resto de potencias europeas. Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, fue proclamado rey gracias al último testamento de Carlos II, al tiempo que conservaba sus derechos al trono francés. Este suceso sumado a otras causas de diversa índole provocaron que en 1702 se formase la Gran Alianza, es decir, Austria, Inglaterra y las Provincias Unidas aunadas contra Francia y apoyando al archiduque Carlos de Austria en sus pretensiones al trono español.

Estatua de Murcia al Cardenal Belluga (Juan González Moreno). cantonioluis

Todo este panorama, sumado a la presencia de una poderosa armada anglo-holandesa en el Mediterráneo, provocaron el inicio de una guerra civil en España entre los partidarios de uno y otro bando. Por término general, los territorios de la Corona de Aragón acabarían apoyando a la dinastía de los Habsburgo del Archiduque Carlos, mientras que Castilla lo haría en favor de la dinastía de los borbones de Felipe V. En este contexto se encontraba el Reino de Murcia, un territorio marcado por su inalienable carácter fronterizo que esta vez se vería en la encrucijada del enfrentamiento entre una Castilla y Andalucía borbónica y un levante austracista.

Pese a que figuras como el Marqués de Alcantarilla, el Conde de Santa Cruz de los Manueles de Cartagena y una considerable proporción de los miembros de los concejos de Cartagena y Murcia eran partidarios del archiduque, el Reino de Murcia apoyó en gran medida a la causa borbónica. Esto se debía, entre otros motivos, a la ausencia de fueros o cortes propias en este reino y al papel militar ejercido por una figura eclesiástica de gran peso. Esta figura no era otra que la del Obispo Luis de Belluga y Moncada, el cual, entró en la Diócesis de Cartagena en mayo de 1705 y fue nombrado presidente de la Junta de Guerra y Defensa, tomando así el control de las tropas del reino. En palabras de Francisco Castellví, transformó el báculo pastoril por la espada y el oratorio en plaza de armas.

A finales de 1705 el Reino de Valencia ya se encontraba bajo la órbita austracista con el apoyo de los maulets, logrando las tropas de Luis Belluga levantar el sitio de Alicante con 4000 hombres, tomar Onteniente y establecer su cuartel general en Villena para contener el avance austracista al sureste peninsular.

Sin embargo, el 24 de junio de 1706 Cartagena fue tomada por una escuadra anglo-holandesa dirigida por el almirante inglés John Leake contando con el apoyo del Conde de Santa Cruz de los Manueles. Además, Alicante fue tomada al entrar los ingleses el 8 de agosto por una brecha de la Plaza del Mar, sufriendo la ciudad un fuerte saqueo que se alargó durante casi un mes hasta la capitulación de los partidarios de la causa borbónica apestillados en el castillo de Santa Bárbara.

Mapa de la Guerra de Sucesión Española. Fuente

Durante ese verano, el Marqués de Rafal logró sumar a la causa austracista a Orihuela, conquistando localizaciones como Albacete, Chinchilla, Almansa o Novelda y obligando a los partidarios de Felipe de Anjou a retroceder hasta Caudete y Villena. Ante esta situación, Felipe V nombró a Belluga Capitán General y Virrey de Murcia y Valencia el 11 de julio de 1706. Estos sucesos fueron aprovechados por Belluga para difundir el milagro de que la Virgen de los Dolores de Monteagudo había llorado y sudado ante los actos realizados por los herejes en Alicante, un claro ejemplo de propaganda proborbónica que tuvo una gran difusión en el Reino de Murcia a través de periódicos como la Gazeta de Murcia.

Las tropas austracistas partieron de Orihuela en dirección a Monteagudo tomando Beniel el 24 de julio y llegando a Espinardo tres días después, teniendo lugar una escaramuza en el entorno de la Contraparada. Una comisión austracista ofreció en agosto a Belluga una negociación de la rendición de Murcia, a la que este se negó rotundamente.

Ante la imposibilidad de recibir auxilio de las tropas borbónicas del Duque de Berwick, Belluga organizó la defensa de la ciudad de Murcia con dos conjuntos de voluntarios de Murcia de 1.000 hombres. Trincheras, empalizadas y terraplenes inundaron la ciudad para su defensa. Al tiempo que dejó al mando de la defensa de la ciudad al brigadier Fernando de Arias y Ozores, Belluga se dirigió a Lorca para organizar a las tropas borbónicas procedentes de Andalucía y ofrecer resistencia a los austracistas en caso de caer la capital del Segura.

Portada de la Casa del Huerto de las Bombas en Murcia. Fuente

Murcia, ya cercada desde la ocupación de Espinardo, se encontraba aislada al estar cortado el Camino real de Castilla. El enfrentamiento tuvo lugar al amanecer del 4 de septiembre de 1706 en un inmenso huerto a las afueras de Puertas de Castilla donde se ubicaba la residencia del caballero santiaguista Baltasar Fontes y Melgarejo. En esta casa torre y en diferentes parapetos se ubicaron unos 400 voluntarios con el apoyo de dos cuerpos de infantería de Granada de 500 hombres y unos 200 caballos del regimiento de don Gabriel Mahon, siendo uno de estos tercios formados por irlandeses veteranos. Mientras, el regimiento anglo-holandés estaba formado por más de 6.000 hombres de infantería, varias piezas de artillería y una sección de ingenieros.

Tras más de dos horas de intenso fuego se produjo la retirada de las tropas austracistas, cobrándose esta batalla la vida de más de 400 personas, siendo llevados numerosos heridos austracistas hasta Orihuela. La victoria fue lograda en gran parte por la orden de Belluga de levantar los tablachos y romper los cauces de las acequias para inundar la huerta y entorpecer así el paso del enemigo. De este modo, atascados en el barro, la infantería enemiga era un blanco fácil para las tropas apestilladas en la Casa de las Bombas.

Tal y como recoge el Acta Capitular del Concejo de Murcia de ese mismo día:

Que en el día de hoy, al amanecer, hizo movimiento el enemigo con más de 6000 hombres, la mayor parte ingleses, marchando para esta ciudad con algunas piezas de artillería y puentes de madera para su pasaje por las cortaduras y acequias de la huerta prevenidos para impedirles el paso y habiendo avistado la casa que llaman de las Bombas distante de esta población medio cuarto de legua y avanzando a ella haciendo fuego y echando granadas con el ánimo de apoderarse de ella”

El 6 de septiembre la ciudad de Murcia acordó celebrar misas en honor a la mediación de la virgen, y dos años más tarde y a propuesta del regidor Alonso de Contreras, se declaró el 4 de septiembre festividad de Santa Rosa de Viterbo con la intención de perpetuar fecha tan señalada, aunque dicha fiesta no acabase asentándose en el calendario murciano.

La Batalla de Almansa (Ricardo Balaca y Orejas Canseco). Fuente

Vencidas las tropas austracistas en esta batalla comenzó el contraataque borbónico en dirección a Orihuela y Cartagena bajo las órdenes del duque de Berwick y Belluga. Mientras que Orihuela y Elche cayeron los días 11 y 21 de octubre respectivamente, los felipistas vencían a las tropas austracistas en la batalla del Albujón el 21 de septiembre provocando la retirada de estos a Cartagena. Tras un intenso cerco y bombardeo de la plaza, Cartagena resistió hasta la noche del 17 de noviembre cuando el conde de Galve capituló ante Berwick.

Sin embargo, no sería hasta el 25 de abril de 1707 cuando un decisivo enfrentamiento en tierras del Reino de Murcia terminaría por decantar la guerra en favor de la causa borbónica. La victoria decisiva del duque de Berwick en la batalla de Almansa, en la cual tuvieron un importante peso las tropas murcianas dirigidas por Belluga, provocó a la postre la pérdida de las tierras de Valencia y Aragón para los austracistas. Pese a que el archiduque acabaría coronándose como Carlos VI de Austria y abandonaría sus pretensiones sobre la corona española, la guerra continuaría en Cataluña, Baleares y otros frentes en Europa hasta la firma del Tratado de Utrecht. Aun así, siguieron existiendo conflictos de poca entidad en el Reino de Murcia como en Moratalla, cuando en 1709 austracistas locales realizaron un ataque contra las autoridades borbónicas del municipio.

Unos meses después de la batalla de Almansa, Felipe V aboliría los fueros de Aragón y Valencia mientras que Barcelona sufriría un duro asedio hasta septiembre de 1714, cambiando así el nuevo rey el carácter plural de la monarquía hacia un modelo más centralizado y unitario. En este contexto Orihuela llegó a ser la capital del Reino de Valencia durante un breve periodo de tiempo bajo el reinado de Felipe V tras la Guerra de Sucesión, hasta que volvió a Valencia por la insistencia del Obispo Belluga.

El León del Malecón de Murcia. Fuente

En cambio, diferentes localidades del Reino de Murcia se beneficiaron en diferentes aspectos de la gracia del nuevo rey: Yecla, que había acogido a las tropas borbónicas del caballero D’Asfeld, se ganó su leyenda actual y la posibilidad de arrendar libremente tierras realengas; Albacete el privilegio de celebrar una feria anual libre de impuestos; Villena integró en su jurisdicción a Caudete y consiguió privilegios y exenciones por el asedio austracista aguantado por 50 hombres; Almansa quince días de feria al año y el título de “felicísima”; y Murcia confirmaría sus privilegios y regalías.

También se beneficiaron las clases altas con recompensas como títulos nobiliarios, hábitos de órdenes militares o privilegios de hidalguía: la élite local murciana ganó títulos como el condado de Montealegre, el del Valle de San Juan o el marquesado de Beniel; en Yecla 27 protohombres se autoproclamaron hidalgos de forma irregular bajo la permisividad de Felipe V.

Durante el resto del siglo XVIII el Reino de Murcia gozaría de una considerable recuperación económica y social que se materializó fuertemente en el arte, llegando a denominarse este periodo como el Siglo de Oro murciano. Uno de estos ejemplos es el elemento de plástica monumental denominado el León del Malecón, el cual custodia entre sus garras el escudo más antiguo que se conserva con la séptima corona concedida por Felipe V a la ciudad de Murcia el 16 de septiembre de 1709. El monarca premiaba así la fidelidad de la ciudad a su causa en la Guerra de Sucesión tras la petición de los regidores y diputados al monarca de tal distinción. El escudo mostraba como novedad otra corona real sobre un león y una flor de lis, todo ello rodeado con el texto en forma de corazón que rezaba “Priscas novissima exaltat et amor”.

Ya sea el León del Malecón, la estatua del Cardenal Belluga o la concesión de la séptima corona, considerable es el legado que ha quedado fosilizado en la ciudad de Murcia como impronta de esta batalla y, sobre todo, del arte de nuestro siglo de oro que se abrió paso tras ella. Hoy la portada descontextualizada de la Casa del Huerto de las Bombas, en su tiempo también presente en las monedas acuñadas de 5 pesetas, nos recuerda constantemente en el Malecón lo que esta tierra y sus gentes son capaces de hacer con su historia y su patrimonio. Quizás este hecho solo sea comparable a la capacidad conjunta de las aguas de la huerta y la pólvora de los defensores que acabaron con las tropas austracistas en la madrugada del 4 de septiembre de 1706.

Plano de la Huerta de Murcia de 1809 (Pablo del Villar). Fuente

Bibliografía|

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HERNÁNDEZ FRANCO, J y MOLINA PUCHE, S.: “Los ejércitos de esta frontera. El reino de Murcia y la batalla de Almansa”, La guerra de sucesión en España y la batalla de Almansa: Europa en la encrucijada. Madrid: Sílex Ediciones, 2009.

MARÍN MATEOS, J.A.: “La batalla del Huerto de las Bombas. El Ranero (Murcia)”, Yakka, Nº 11. Yecla: Ayuntamiento de Yecla, 2001. pp. 61-64.

MUÑOZ RODRÍGUEZ, J.: Felipe V y cien mil murcianos. Movilización social y cambio político en la Corona de Castilla durante la Guerra de Sucesión (1680-1725), Tesis Doctoral Inédita. Murcia: 2010.

RODRIGUEZ LLOPIS, M.: Historia de la Región de Murcia, Murcia: Monografías Regionales, 1998.

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