Guerras de frontera. La batalla de los Alporchones y el culto a San Patricio en el Reino de Murcia

Croquis con bastante exactitud de las inmediaciones de Lorca del siglo XIX (Capitan D. Ml. Muñoz)

17 de marzo de 1452, las tropas cristianas del Reino de Murcia consiguen una aplastante victoria contra las huestes granadinas en los campos de Lorca. Una importante batalla en esta guerra de desgaste que se vivía en la frontera  murciano-granadina que tiene como resultados tangenciales a San Patricio como patrón de la ciudad de Murcia y la construcción de una colegiata con su nombre en Lorca. Un culto, para sorpresa de muchos, vivo tras más de cuatro siglos y a más de 1700 km de la isla de Irlanda donde el santo es el patrón nacional. Intentemos pues arrojar un poco de luz en esta conexión atemporal e inesperada entre Lorca, Murcia e Irlanda.

La frontera murciano-granadina en la Baja Edad Media, la cual tendrá escasas variaciones territoriales desde 1266 a 1488, separaba al Reino de Granada del Reino de Murcia. Esta jurisdicción territorial dentro de la Corona de Castilla se encontraba en la encrucijada de una triple frontera: la Corona de Aragón, el Reino nazarí de Granada y la costa mediterránea.

Mapa político del Reino de Murcia en la Baja Edad Media. Fuente

En los siglos XIV y XV la frontera entre los reinos de Murcia y Granada era una franja de unos 140 kilómetros de longitud que se prolongaba desde el mar Mediterráneo hasta la Sierra del Segura, presentando además una gran profundidad: la denominada tierra de nadie. Una frontera que, pese a sus sistemas defensivos, no hay que interpretar como una línea de contención, sino como una línea discontinua que no aseguraba una vida plácida y tranquila, posibilitando la entrada de huestes enemigas que dificultaban el rendimiento de las tierras y provocaba la concentración de la población en los principales núcleos urbanos.

En la frontera cristiana destacaban los territorios fronterizos pertenecientes a la Orden de Santiago, con Caravaca a la cabeza, y Lorca, ciudad de realengo situada en la misma frontera encargada de la seguridad y vigilancia del reino como principal e indiscutible base militar avanzada. Mientras, las poblaciones de los Vélez y Vera eran los núcleos de referencia en “el otro lado”. Además, habría que señalar que mientras el territorio fronterizo granadino estaba ampliamente habitado, el murciano se encontraba muy despoblado, facilitando una mayor penetración de las huestes granadinas.

Una frontera en la que más que destacar los enfrentamientos a campo abierto, predominaba una guerra de desgaste, de pequeñas escaramuzas, con talas y asolamiento de cultivos: la denominada guerra chica. Era un medio de vida de suma importancia para ambas sociedades a través de las denominadas cabalgadas: una marcha rápida y directa de caballeros sobre territorio enemigo, siendo acciones tanto ofensivas, devastando al enemigo y obteniendo botín con cautivos y cabezas de ganado, como defensivas, con la intención de frenar las acciones enemigas. Para ello era indispensable el conocimiento del territorio enemigo, poniéndose un alto precio a la cabeza de esos hombres de armas conocedores del terreno que se pasaban al enemigo, los denominados renegados. Por tanto, vemos una retroalimentación de estos ataques a un lado y otro de la frontera que provocaba un gran daño humano y económico, no solo en los territorios que lindaban con la frontera, sino en tierras de retaguardia como el Valle de Ricote o la propia ciudad de Murcia.

Esa inseguridad constante provocada por la guerra chica acabó definiendo una sociedad fronteriza que ya venía marcada por este carácter desde la conquista castellana a mediados del siglo XIII. Con los diferentes programas de repoblación cristiana se trató de conseguir una mejor defensa del Reino de Murcia, formándose una sociedad de frontera en la que surgieron toda una serie de oficios e instituciones vinculadas a este estado de guerra latente, como ballesteros de monte, fieles de rastro, atalayeros, vigías, almocadenes, espías, alfaqueques o el Adelantado Mayor del Reino. Esta figura gozaba de grandes atribuciones jurídicas, militares y civiles por el poder delegado por el rey en su figura, que caerá en manos de familias nobiliarias con amplios territorios señoriales en esta jurisdicción.

Castillo de Lorca. Fuente

Los abusos de esta figura sobre los concejos, las guerras internas de la nobleza y las diferentes guerras civiles en Castilla, dejaban un panorama interno desolador a comienzos del siglo XV, intercediendo incluso las propias huestes granadinas al apoyar a uno u otro bando. Tal y como relata Torres Fontes, la primera fase del reinado de Juan II hasta 1443 destacó por un predominio castellano en la frontera con la toma de gran número de fortalezas, las cuales se perdieron casi todas en la segunda fase de su reinado.

En este contexto fronterizo y en esta cronología habría que enmarcar el enfrentamiento del cual queremos hablar. Desde comienzos del año 1451 ya existía la alarma de una futura cabalgada de grandes dimensiones en territorio murciano, motivo por el cual Alonso Fajardo, como alcaide de Lorca y Capitán general de guerra, acaba solicitando la ayuda militar del Concejo de Murcia, del Adelantado y del Obispo, concordia entre cristianos que fue firmada en diciembre de 1451.

En esta algara o incursión musulmana fueron a participar linajes nobiliarios nazaríes, como abencerrajes y zegríes, y los caídes o alcaides de numerosos núcleos de población como Guadix, Almería, Vera, Baza y Huéscar. Dirigidos bajo las órdenes de Ibrahim ibn Abd al-Barr, Abidvar para las fuentes castellanas, se reunieron las huestes granadinas en Vera en marzo de 1452, llegando a tierras murcianas al pasar por la fuente del Pulpí y atravesar el puerto de Los Peines por la orilla del mar.

Fue Ginés Peréz de Hita, murciano novelista del Siglo de Oro, el que recoge en su obra comúnmente conocida como“Las guerras civiles de Granada”, un romance sobre esta incursión y el enfrentamiento, en el que decía:

“En Campos de Cartagena

con furor fueron a entrar;

cautivan muchos cristianos,

que era cosa de espantar.

Todo lo corren los moros

sin nada que les quedar;

el Rincón de San Ginés

y con ellos el Pinatar”

Diferentes autores defienden que fueron entre tres y cinco días de ataques, donde además se saquearon los términos de Corvera, El Escobar y Campo-Nules, haciendo suma con todos ellos de unos 50 cautivos y 40.000 cabezas de ganado.

Tras conseguir dicho botín deciden volver a Vera pasando por tierras de Lorca. En el Puntarrón son divisados por los cristianos por escuchas y atalayas, y cerca de la falda de las colinas denominadas Rincón de las Aguaderas, a legua y media de Lorca en el denominado campo de Los Alporchones, se encontraron el 17 de marzo de 1452 los dos bandos. Según diferentes autores y las actas capitulares del Concejo de Murcia, los musulmanes contaban con 1200 caballos y en torno a unos 600 peones. Mientras, los cristianos lograron reunir en Lorca 300 jinetes y 2.000 infantes. El ejército cristiano estaba formado por cuatro cuerpos dirigidos por Alonso Fajardo, García Fernández Manrique, el corregidor Diego de Ribera y Alonso de Lisón, el Comendador de Aledo, con las tropas de Lorca, Caravaca, Murcia y Aledo respectivamente.

Batalla de Los Alporchones (Miguel Muñoz de Córdoba). camimiguel

Al principio de la batalla hubo una gran resistencia de los musulmanes, pero su infantería no pudo impedir que los cristianos atravesasen la rambla de Viznaga, lo cual les confería una posición ventajosa. Pese a ser rota dos veces la caballería musulmana, esta se rehízo para finalmente ser vencida por las tropas castellanas, donde Alonso Fajardo prendió al qaid de Almería, al cual acabaron matando las tropas cristianas antes de entrar a la ciudad de Lorca.

Finalmente, ante la aplastante victoria cristiana, se retiraron desordenadamente las tropas granadinas por la sierra de Aguaderas siendo perseguidas por los cristianos hasta la fuente de Pulpí. Entre ellas se encontraba el líder de la expedición Ibrahim ibn Abd al-Barr. Según informan diversas fuentes castellanas, las bajas fueron de unos 800 jinetes musulmanes, entre ellos nueve de los caídes o alcaides y 400 presos, volviendo solo 300 a tierras granadinas. Mientras, entre los cristianos hubo 40 muertos y 200 heridos. La derrota supuso la ejecución de Ibrahim ibn Abd al-Barr por  parte del rey Muhammad IX “el Zurdo” y la obtención de una tregua de cinco años que no impidió que comenzasen de nuevo las incursiones ese mismo mes de agosto, ya que no debemos olvidar que las paces y treguas no eran llevadas a la práctica con rotundidad.

Pese a ser en un inicio una cabalgada o algarada, diferentes factores como sus amplias dimensiones, las cifras indicadas por las fuentes cristianas, el considerable número de caídes musulmanes que cayeron en combate, el reforzamiento del prestigio de Alonso Fajardo y las repercusiones que tuvieron en la sociedad del momento y en la literatura de los siglos posteriores, llevaron a la concepción de esta como una gran batalla medieval en un momento en el que predominaba la guerra de desgaste. Pocas fuentes musulmanas hablan de este enfrentamiento, destacando entre ellas la del poeta al-Basti. En cambio, en las fuentes castellanas fue muy recordada la batalla, desde el ya citado romance de Ginés Pérez de Hita hasta Lope de Vega, los cuales ensalzan sobre todo a la figura del alcaide de Lorca, diciendo éste último:

“Si viérades a Fajardo, aquel de la cruz bermeja, aquel alcaide de Lorca del que tantas cosas cuentan, aquel que de ver su sombra, tiemblan los moros de veras”

Eso no le impidió que fuese asesinado por su primo el Adelantado Pedro Fajardo Quesada nueve años después, cuando se jugaban el control del Reino de Murcia dentro de esas guerras internas que proliferaban en esta tierra fronteriza.

Pese a la relevancia de dicha batalla no se puede decir que la frontera se deshiciera de esos caracteres de inseguridad y tensión constante, quedando esto reflejado en los años posteriores en incursiones, como por ejemplo la realizada por las huestes granadinas en Cieza un Domingo de Resurrección de 1477, cuando cautivaron a unos 500 cristianos, motivo por el cual dicho pueblo lleva en su escudo actual el lema ‹‹Por pasar la puente nos dieron la muerte››.

Habría que esperar a la ofensiva iniciada en 1488 desde el territorio oriental del Reino nazarí, dirigida ya de forma estatal desde Murcia por los Reyes Católicos dentro de la denominada Guerra de Granada, para ver el fin de esa frontera con el Reino nazarí de Granada. Esa pérdida parcial del carácter fronterizo cambiará las instituciones, la sociedad, la economía y la demografía de este territorio de la periferia de la Corona de Castilla. A partir de ahora y en los siglos venideros habría que centrar la mirada en otra frontera: la mar y sus peligros.

Representación escultórica de San Patricio en el imafronte de la Catedral de Murcia. Fuente

Tal fue la repercusión de aquella batalla que al santo al que le correspondía esa fecha del 17 de marzo en el santoral, San Patricio, se le atribuyó su intervención en la batalla y fue nombrado Patrón del Concejo de Murcia, tal y como se acordó en la sesión del Concejo del 1 de abril de 1452. Por este motivo se encargó que fuera pintada una imagen de San Patricio en un retablo y comenzó a conmemorarse desde aquel año con una procesión cívico-religiosa anual que, si bien simbolizaba en un principio esa victoria contra el Islam en la Baja Edad Media, continuó haciéndose durante la Edad Moderna y Contemporánea con un gran desfile. En esta procesión se trasladaba la talla del santo realizada por Nicolás Salzillo de la Casa Consistorial a la Catedral, donde se oficiaba una misa, y de esta a la puerta de San Patricio de la parroquia de San Pedro. La fiesta ya decayó poco antes de la Guerra Civil, celebrándose en la década de los 50 una procesión del traslado de la talla de la ermita del Pilar a la Catedral. En la actualidad, cada 17 de marzo se celebra una misa en la Catedral y una pequeña procesión en el interior de la misma por la policía local de la capital, de la cual es también su patrón.

La Catedral de Murcia, además de acoger en la capilla de San Antonio la talla de San Patricio de Nicolás Salzillo, alberga más elementos relacionados con el santo como una campana con su nombre en lo alto de su torre o una escultura en su imafronte perfectamente visible desde la calle San Patricio.

Colegiata de San Patricio de Lorca (Jerónimo Quijano). Fuente

Mientras, en Lorca se mandó construir la Colegiata de San Patricio sobre la iglesia medieval de San Jorge, comenzándose su construcción en 1533 cuando el Papa Clemente VII concedió la bula para la erección de dicho edificio, el cual no se finalizaría hasta el siglo XVIII. Una imponente iglesia que se encuentra recientemente reinaugurada por la finalización de las obras de restauración llevadas a cabo tras el terremoto de Lorca de 2011.

Además, cuando en 1945 el profesor Walter Starkie del Instituto Británico de España visitó Lorca en Semana Santa, solicitó a las autoridades civiles y religiosas irlandesas una reliquia del santo para la iglesia lorquina, la cual llegó seis años después. Desde entonces, en agradecimiento por tal obsequio, cada día de San Patricio, además de celebrar el día de la policía local, se iza la bandera de Irlanda en las Salas Capitulares del Cabildo al son del himno nacional irlandés “Soldiers Song”.

Una canción de soldado que se entona cada 17 de marzo por igual, más allá de las olas que separan la tierra fronteriza del antiguo Reino de Murcia y la República de Irlanda, como recuerdo de viejas e inconexas batallas que tuvieron a San Patricio como símbolo común de victoria contra las huestes enemigas.

Croquis con bastante exactitud de las inmediaciones de Lorca del siglo XIX (Capitán D. Ml. Muñoz). Fuente

Bibliografía|

BOTÍAS, A: “Un irlandés como patrón de Murcia”, La Verdad. Murcia 17-03-2017

GARCÍA DÍAZ, I: “La frontera murciano-granadina a fines del siglo XIV”, Murgetana, nº79, Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 1989. pp. 23-35.

MOLINA MOLINA, A. L.: “La fiesta. Aproximación a la vida lúdica en la Murcia de finales del medievo”, Murgetana, nº93, Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 1996. pp. 49-58.

TORRES FONTES, J.: “San Patricio patrón de Murcia”, Boletín informativo del Ayuntamiento de Murcia, nº11, Murcia: Ayuntamiento de Murcia, 1967.

VV.AA.: Actas del Congreso la Frontera Oriental Nazarí como Sujeto Histórico (S.XIII-XVI): Lorca-Vera, 22 a 24 de noviembre de 1994, Almería: Diputación de Almería, 1997.

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