El poder simbólico de los espacios fortificados en una tierra de frontera

Escudos de los municipios con costa de la Región de Murcia. cantonioluis

La heráldica en la Edad Media era un lenguaje basado en símbolos que reflejaba la identidad de una determinada persona o colectivo. Junto a la vexilología, la sigilografía y otras tantas disciplinas, la heráldica actual es una de las ciencias auxiliares de la Historia que trata de explicar los escudos de armas y describir los diferentes elementos simbólicos que los componen.

Numerosos y variopintos símbolos como coronas, animales o elementos constructivos reflejan la filiación de un determinado colectivo a un pasado común o a un presente todavía existente a través de estas representaciones iconográficas. Al timbre una corona real puede representar tanto el favor de un rey en el pasado a un determinado colectivo como la forma de gobierno del estado al que pertenece este en la actualidad.

Torres, castillos, atalayas y demás elementos defensivos inundan la mayoría de los escudos municipales de la actual Región de Murcia como testigos de un pasado en el que sus antiguos habitantes encontraban en estas construcciones una vía de escape a la inseguridad e incertidumbre que ofrecía esta tierra de frontera. 31 de los 45 municipios de la Región de Murcia representan iconográficamente un elemento defensivo en sus escudos municipales, selección en la que no incluimos a Murcia y Abanilla al estar los castillos de sus escudos vinculados al símbolo de la Corona de Castilla.

La jurisdicción territorial del Reino de Murcia dentro de la Corona de Castilla se encontró durante muchos siglos en la encrucijada de una triple frontera: la Corona de Aragón, el Reino nazarí de Granada y la costa mediterránea. Esa inseguridad constante provocada por la guerra chica y de desgate acabó definiendo a una sociedad fronteriza que ya venía marcada por este carácter desde la conquista castellana a mediados del siglo XIII. Una frontera que, pese a sus sistemas defensivos, no hay que interpretar como una línea de contención, sino como una línea discontinua que no garantizaba una vida plácida y tranquila, posibilitando la entrada de huestes enemigas que dificultaban el rendimiento de las tierras y provocaba la concentración de la población en los principales núcleos urbanos.

No sería hasta finales del siglo XV, tras el fin de las numerosas guerras y litigios territoriales de Castilla con Aragón y la caída del Reino de Granada, cuando se perdería parcialmente ese carácter fronterizo que cambiaría las instituciones, la sociedad, la economía y la demografía de este territorio de la periferia de la Corona de Castilla. A partir de ese momento y en los siglos venideros habría que centrar la mirada en otra frontera: la mar y sus peligros. Esta es la razón por la que 6 de los 8 municipios que forman el litoral murciano representan una estructura fortificada junto al mar en sus escudos, sea esta una torre vigía moderna o un elemento defensivo de época medieval.

Obviamente, no es un hecho exclusivo de esta zona la representación de este tipo de estructuras en la heráldica de los núcleos de población ya que, al igual que en otras zonas costeras de España, estos elementos defensivos aparecen en gran número de escudos dado ese carácter fronterizo que siempre supuso el mar.

Aunque los elementos fortificados fueron todo un símbolo de fortaleza y poder feudal en la Edad Media, en la mayoría de los municipios que conforman la actual Región de Murcia estos elementos han quedado fosilizados en sus escudos como representación del carácter fronterizo de las poblaciones del antiguo Reino de Murcia. Reflejo del pasado común de una triple frontera que nos ha legado una de nuestras mayores señas de identidad.

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