El monasterio de San Ginés de la Jara. ¿Restauración o reconstrucción?

Monasterio de San Ginés de la Jara. camimiguel

En la comarca natural del Campo de Cartagena, al sur de las próximas aguas del Mar Menor, se encuentra ubicado el monasterio de San Ginés de la Jara. Este lugar ha dado como fruto una serie de creencias y devociones que quedan como testigo de las mentalidades de no solo de la sociedad cristiana medieval, sino también de la andalusí e islámica en general.

Existen un gran número de evidencias que parecen demostrar la existencia de un culto musulmán a una mártir o santona islámica enterrada en este mismo lugar, siendo una posible continuación de un culto mozárabe anterior al siglo XI, o incluso de origen visigodo o hispanorromano.

Tras la conquista castellana de Cartagena en 1246, Alfonso X establece a un grupo de agustinos de Santa María de Cornelia de Conflent en el Rincón de San Ginés, donde fundaría un convento agustino antes de 1260. Desde que en el siglo XIV la propiedad cayera sobre el obispado y cabildo de Cartagena, estos designan un capellán para atender al culto y a los peregrinos, ya que durante este siglo y los venideros será cuando aumente la peregrinación a la zona y la devoción por el santo. Ya en el siglo XV se produce un aumento de eremitorios en el entorno, sobre todo en el Monte Miral, debido al creciente número de gente piadosa que buscaba hacer penitencia en este entorno.

Juan Chacón, Adelantado Mayor del Reino de Murcia, consiguió durante el reinado de los Reyes Católicos y por mediación del papa Inocencio VIII una bula papal en 1491 que le concedía el patronato de San Ginés de la Jara, permitiendo así establecer allí a la orden franciscana. Desde esta fecha y hasta la expropiación de este lugar en 1835 permanecerá en poder de esta orden, siendo durante su presencia cuando se hagan las diferentes construcciones y modificaciones que acabarán definiendo el actual monasterio, con partes como la iglesia, la torre del campanario, la huerta conventual, el claustro o la capilla de San Antonio.

A partir de la desamortización del edificio en el siglo XIX comenzará el principio del fin de este al sufrir una paulatina ruina que, sobre todo a partir de la década de los treinta del siglo pasado al transformarse como villa de recreo para la familia Burguete, seguirá en aumento hasta estos últimos años.

Tras la inversión de 1,6 millones de euros de la propietaria y promotora Hansa Urbana, este verano el monasterio ya supera dos tercios de la restauración del edificio. La finalización de dicho proceso se estima para la primavera del año próximo, momento en que será cedido al Ayuntamiento de Cartagena para buscarle un uso al inmueble. Tras muchos años de litigios desde que en 2003 la promotora alicantina se hiciese con esta parcela, la intención de esta rehabilitación es reforzar y consolidar la estructura para posteriormente mostrar al público el conjunto monacal de los siglos XVII y XVIII, especialmente partes como el claustro, la iglesia campanario, la cripta o el refectorio.

Sin embargo, la Asociación de Amigos del Monasterio de San Ginés de la Jara y las Ermitas del Monte Miral no ha visto con buenos ojos como se ha realizado el proceso de restauración desde el primer momento. Por un lado, lamentan que no se haya realizado un verdadero estudio arqueológico, ya que las excavaciones de 1995 y 2007 dan pie a considerar la existencia de restos arqueológicos de mayor antigüedad que ayudarían a poner en valor y documentar mejor el conjunto. Por otro lado, critican tajantemente la demolición de muros históricos, el empleo de materiales poco reversibles en restauración como ladrillo y hormigón y el hecho de que estemos más ante una reconstrucción que una verdadera restauración. Además, señalan la imperiosa necesidad de un plan de actuación para las ermitas del Monte Miral ante su deplorable estado de abandono.

El caso del monasterio de San Ginés de la Jara nos hace ver, una vez más, como la agenda política y los intereses económicos marcan el ritmo de la conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio sin importar que este proceso se haga de la forma más óptima posible. La restauración del conjunto llega mal, tarde y con prisas innecesarias tras décadas y décadas de abandono y desidia por parte de las autoridades competentes. Si a todo esto le sumamos a la fórmula el proyecto Novo Carthago de Hansa Urbana, un intento más de especulación urbanística sobre la costa del Mar Menor, no hace falta decir nada más para observar que el daño ya está más que hecho.

Hoy el monasterio de San Ginés de la Jara ha quedado relegado a una situación que no merece, ni por su valor artístico ni, sobre todo, por el importantísimo legado cultural que atesora entre sus paredes y su entorno como nexo de unión entre dos culturas. Aunque la situación se vislumbra harto complicada, esperemos que el hormigón y el ladrillo no prevalezcan y que el conjunto adquiera un uso cultural acorde a la importancia y esplendor que tuvo durante siglos este lugar de culto cargado de leyendas, arte e historia.

 

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