El León del Malecón. Una constante en el inexorable paso del tiempo en la ciudad de Murcia

Réplica del León del Malecón. cantonioluis

El León del Malecón es uno de los contados elementos de la plástica monumental asociados al despegue del urbanismo en Murcia durante el siglo XVIII. De autor anónimo, este león rampante custodia entre sus garras el escudo más antiguo que se conserva con la séptima corona concedida a la ciudad de Murcia el 16 de septiembre de 1709 por el rey Felipe V, premiando así la fidelidad de la ciudad a su causa en la Guerra de Sucesión.

Aunque el león rampante estuvo inicialmente ubicado junto a la Puerta de Orihuela, se trasladó al Malecón durante el proceso de consolidación de la pared del río junto al Palacio del Almudí en ese mismo siglo XVIII, pasando desde ese momento a “proteger” a la ciudad de su fiero río. De este modo, el león se hallaba en ese tránsito de la ciudad a la huerta junto al río, siendo este un auténtico umbral entre estos dos espacios que tanto caracterizan a la dicotomía murciana. Allí estuvo hasta que, tras el derribo del Club de Remo en 1997 y el comienzo de rediseñarse la zona, fue retirado un año después.

Se trata de un emblema heráldico que aguantó la embestida del devenir histórico, especialmente de todas las remodelaciones urbanas de la ciudad de Murcia durante los siglos XIX y XX. En las décadas de los 50 y los 60 del siglo pasado, la capital del Segura comenzó un desarrollo urbanístico desmesurado, acorde al de otras ciudades que se unían a esta corriente que trataba de modernizar sus calles y su planta urbana. Esta idea dio pie a una destrucción inusitada del patrimonio histórico y artístico con innumerables ejemplos como los baños musulmanes de la calle Madre de Dios, el palacio de los Marqueses de los Vélez, la casa del Huerto de las Bombas o el edificio de El Contraste de la Seda.

Tras localizarse desmontada en unos almacenes de la Universidad de Murcia y ser restaurada por el Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma, se ubicó la pieza auténtica en el Museo de la Ciudad. En su lugar, una réplica ocupa su posición original en el Malecón desde 2013, volviendo a tener Murcia entre sus calles a su máximo guardián, justo junto a la misma pasarela de Manterola que provocó su retirada en tiempos pasados. Con esta recolocación, el león ha sobrevivido al paso del tiempo presenciando los diferentes cambios urbanísticos de este entorno tan carismático para la ciudadanía murciana.

Esta escultura atesora en su mirada los diferentes cambios urbanísticos y el devenir de la sociedad murciana, siendo testigo de la íntima relación que ha existido en Murcia entre la ciudad, la huerta y el río. De esta forma, el León del Malecón se ha convertido en un elemento atemporal que simboliza el inexorable paso del tiempo en sus carnes, tal y como para Azorín lo era una catedral o un balcón en la intrahistoria de las gentes de una ciudad. Testigo del paso de generaciones y generaciones de murcianos, el león rampante es un elemento de continuidad, una constante en la memoria de la Murcia que se fue. De aquella y de la que es nuestro deber velar para seguir defendiendo, colectivamente, nuestro patrimonio de nocturnos golpes de piqueta.

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