Ecos de un pasado común. El peor de los naufragios en aguas del Mediterráneo

Cabo Tiñoso. cantonioluis

‹‹Mi corazón acepta todas las creencias. Prado es para las gacelas y convento para el monje, templo para ídolos, Kabila para peregrinos, tablas de Torá y libro de Corán. Profeso la religión del amor doquiera cabalguen sus monturas, pues el amor es mi sola religión y mi fe.››

Ibn Arabi (Murcia 1164-Damasco 1240)

Muchos son los que aclaman al murciano Ibn Arabi como a una de las grandes voces del sufismo. Su pensamiento más filosófico trasciende de la propia religión hacia una contemplación que ha llegado a considerarse como un puente entre el pensamiento de Oriente y Occidente al servicio de la tolerancia y el respeto mutuo.

Una solidaridad, tolerancia y empatía que bien harían falta en estos tiempos que corren al continente europeo de cara a la cruenta situación que padece el pueblo sirio. Desde principios del año 2011, los sirios y sirias sufren en sus propias carnes el horror de la guerra en su país. Un drama humano que ha llevado a un considerable número de su población a huir de la violencia que impera en Siria, convirtiéndose en uno de los mayores éxodos de la historia reciente. Este problema se ha visto acrecentado en estos últimos años, siendo tan solo parcialmente visibilizado por la población europea a partir del momento en que los refugiados arriban a sus costas.

En cambio, lo que sí ha salido a relucir ha sido el triste hecho de que la dignidad de Europa naufraga día tras día en lo más profundo de las aguas del Mediterráneo, fruto de ese silencio e indiferencia que muestran una de las peores caras del continente europeo. Nuestro Mare Nostrum se ha convertido, ante la desidia de las autoridades de la mayoría de países europeos, en un auténtico cementerio que ha puesto en serias dudas la presencia de valores como la paz, el respeto, la tolerancia o la solidaridad en los cimientos que deberían sustentar a la Unión Europea.

Por desgracia, numerosos países de nuestro continente acogen a un número de refugiados muy inferior al que debieran. De esta manera, solo vislumbramos un atisbo de solidaridad en aquellas organizaciones que, como Murcia Acoge o PAREM, realizan una inmensa labor en esta y en otras muchas acciones en pos de la integración de migrantes en sus tierras de acogida.

Aunque no lo parezca, el mundo de la cultura puede aportar también su granico de arena removiendo conciencias mediante la generación de valores y pensamiento crítico. Y es que Siria es un país que, aunque para muchos de nuestros paisanos pueda resultar extraño y distante, tiene muchos vínculos con nuestra tierra: desde los yunds sirios que se establecieron en la cuenca del Segura en tiempos de la Cora de Tudmir hasta ser la tierra que acogió el fin de los días del murciano universal Ibn Arabi, siendo la mezquita del sultán Selim I de Damasco el lugar donde descansan sus restos mortales. Este pasado común se puede utilizar en campañas como #Unite4Heritage de la UNESCO a modo de arma arrojadiza, intentando así fomentar valores tales como la tolerancia, la paz y la solidaridad visibilizando el patrimonio como las diferencias que nos unen.

Concienciar de los problemas del mundo es una puerta que las Humanidades siempre ha mantenido abierta a la sociedad actual, al tiempo que derribar las fronteras que generan las desigualdades de este mundo debería ser siempre uno de sus objetivos más claros al cual nunca deberíamos renunciar.

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