Un doble naufragio vikingo postmoderno en las costas de Tudmir

Mapa del Sur de España de P. Starckman de 1705. Fuente

Artículo originalmente publicado en Ad Absurdum:

“Estamos machacados”. Con esta escueta frase Jesús Rodríguez Morilla, coordinador de Noruega para la Exposición Universal de Sevilla 1992, resumía el estado en el que se encontraban los diferentes representantes noruegos tras conocer lo acaecido en las costas del Levante peninsular. Y no era para menos, dos de las mejores réplicas de barcos vikingos construidas hasta la fecha, el Saga Siglar y el Osebergnaufragaban en el mar de la antigua Cora de Tudmir, entre las costas de la Provincia de Alicante y la Región de Murcia, en el día 3 de mayo de 1992.

Los marineros noruegos tras su visita a la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929. Fuente

En aquellos años las experimentaciones en arqueología para el conocimiento de la construcción y navegación de las embarcaciones vikingas estaban en plena ebullición. Desde los diferentes viajes realizados con réplicas de embarcaciones excavadas, como el que realizó el Viking (réplica del barco de Gokstad) en 1893, hasta las más recientes del siglo XXI, los datos empíricos aportados por estos proyectos han ido evolucionando favorablemente hasta nuestros días. Pese al indiscutible valor didáctico y divulgativo de estos viajes, en la Arqueología Experimental de aquellas décadas no siempre había sido fácil distinguir la delgada línea que separa la aventura y el sensacionalismo del aporte científico y el rigor histórico.

La idea de las autoridades noruegas era repetir, en la misma capital hispalense, el éxito que supuso para el país nórdico la presencia de la embarcación Viking Roald Amundsen en la Exposición Iberoamericana de 1929. Atracada junto al puente de Alfonso XIII desde su llegada el 14 de enero de ese mismo año, la nave fue todo un escaparate de la nación noruega y de la cultura escandinava hasta que, desde tierras onubenses, partió hacia América emulando el viaje de Cristóbal Colón. Una nave que, al mismo tiempo que hacía honores a la recién construida réplica de la carabela Santa María, dejaba un claro mensaje: con cinco siglos de anterioridad a Colón llegamos al continente americano gracias a este prodigio vikingo de la ingeniería naval.

El Saga Siglar a su paso por Sidney. Fuente

En esta ocasión, la presencia de las naves Saga Siglar y Oseberg iba a tener una función muy similar. A su llegada a la capital hispalense se montaría un campamento vikingo en el Puerto de Indias, para que junto a las embarcaciones, los sevillanos y sevillanas lo visitasen, se empapasen de la cultura escandinava e incluso navegasen con estas réplicas por el río Guadalquivir. Tras finalizar la exposición partirían hacia Canadá, con previas escalas en Islandia y Groenlandia, proyecto cuya inversión ascendió a más de 50 millones de pesetas. Quizá, y solo quizá, esta visita no era más que una forma de resarcirse por el brutal ataque que los vikingos realizaron a la ciudad de Sevilla once siglos y medio atrás durante siete días y siete noches en las que el saqueo, la muerte y el rapto se apoderaron de sus calles. Un ataque en el que, en palabras de Ibn Idhari, los madjus “hicieron beber al pueblo el cáliz de la amargura”.

Tal y como señalamos al principio, las dos naves elegidas para tal propósito no fueron seleccionadas al azar. El Saga Siglar era una réplica de una de las cinco embarcaciones de los siglos X-XI sacadas del fondo del mar mediante la construcción de un gran dique pentagonal y excavadas en seco en la década de los sesenta del siglo XX en el fiordo de Roskilde, cerca de Skuldelev (Dinamarca). Concretamente era una reconstrucción del Skuldelev 1, un knarr o embarcación de transporte que tenía una forma achatada que le permitía una mayor capacidad de carga. Construida en 1983 en madera de pino y roble por constructores de barcos artesanos supervisados por arqueólogos, tenía 16,5 metros de eslora, 1,3 metros de profundidad a plena carga, 13 toneladas de peso y un mástil de 13 metros de alto que sujetaba una vela cuadrada de 96 m².

Esta réplica circunnavegó el mundo entre 1984 y 1986 capitaneada por el famoso aventurero Ragnar Thorseth, recorriendo hasta un total de 35000 millas. Durante las numerosas pruebas que le hicieron en su larga travesía, llegó a presentar una velocidad de navegación a sotavento de 14 nudos en un huracán de 40 m/s y una velocidad media de 8,4 nudos en la costa noroeste de Labrador (Canadá).

El Oseberg en Bjorkedalen en 1987. Fuente

Mientras, el Oseberg era réplica de la nave homónima del siglo IX. Excavada en tierra firme en el fiordo de Oslo a principios del siglo XX, se localizaron en ella los restos mortales de dos mujeres nobles de diferentes edades con un importante ajuar y restos faunísticos. Esta réplica, que recibió en un primer momento el nombre de Dronningen para diferenciarla de la auténtica, fue construida en pino y roble a escala natural en Bjorkedalen (Noruega) entre 1986 y 1987 por la misma persona que la anterior, el agricultor y constructor de barcos Sigurd Bjorkedal, ayudado por sus hijos Jakob, Ottar y Dag Inge y siendo comprada por el ya mencionado Ragnar. Tenía 22 metros de eslora, 1,5 metros de calado y 13 toneladas de peso bruto. Tras hundirse en su primera prueba en Sunnmore en 1988 por falta de lastre, la embarcación fue rescatada, reparada y mejorada. El 17 de mayo de 1991, el día de la Constitución Noruega, le cambiaron el nombre de Dronningen a Oseberg, haciendo caso omiso a las supersticiones marineras en cuanto al cambio de nombre de una embarcación.

En 1991 el Gaia, una réplica del Gokstad, realizó un viaje a la costa norteamericana partiendo de Trondheim (Noruega) para conmemorar el viaje que haría a América mil años atrás el explorador vikingo Leif Erikson, hijo de Erik el Rojo. En este proyecto financiado por Noruega e Islandia, denominado Vinland Revisited, también participaron estas dos naves que fueron llevadas desde Bergen hasta Halifax, donde se unieron al Gaia el 28 de agosto para hacer un tour por las principales ciudades costeras de la costa atlántica de Canadá y Estados Unidos.

El Oseberg y el Saga Siglar atracados en la localidad noruega de Trondheim en 1991.
Fuente

Tras el tour norteamericano, las dos naves fueron trasladadas en barco desde los muelles de Baltimore (envío gestionado quizá por Frank Sobotka) a Valencia a mediados del mes de febrero, siendo acondicionadas durante dos meses por gran parte de la experta tripulación que había recorrido el ancho mar con ellas. Debemos recordar que estas naves estaban provistas de un motor auxiliar para emergencias, una moderna instalación de comunicaciones y cabinas de dormitorio. Finalmente, fueron botadas por primera vez en el Mediterráneo el 24 de abril de 1992 y partieron el 1 de mayo en dirección a Sevilla con sol y viento fuerte. Se estimaba que llegarían a la capital hispalense entre el 10 y el 12 del mismo mes para ser expuestas a partir del día 15 en el pabellón noruego situado en la isla de la Cartuja.

Por desgracia, la reunión de estas dos embarcaciones con Curro, ídolo de masas sevillano, se vio truncada en la mañana del domingo 3 de mayo en el mar de Tudmir. La nave Oseberg envió llamadas de auxilio en situación crítica a un punto costero de la Marina de Alicante a las 8:30 horas cuando se situaban a unas dos millas de la costa entre el municipio alicantino del Pilar de la Horadada y el murciano de San Pedro del Pinatar, mientras que el Saga Siglar se hundía en el mar en una posición situada a 8 km de Torrevieja y a doce millas de San Pedro del Pinatar. El temporal, con vientos de levante de más de 100 km por hora y un mar con olas de más de ocho metros de alto, provocó que las naves zozobrasen hasta hundirse no lejos de la costa de la Torre de la Horadada.

Cuatro de los náufragos rescatados a bordo del Off Valencia en dirección a Cartagena
Fuente: ABC. Diario de la Expo, Mayo 5, 1992

El despliegue para rescatar a las naves vikingas y al motovelero de bandera belga Semois, naufragado con 14 tripulantes a pocas millas de Villajoyosa, fue de todo menos pequeño. La tarea de Salvamento fue coordinada por la Comandancia de Marina de Alicante en colaboración con las dependencias de Torrevieja, un barco de la Marina de Guerra y un remolcador de salvamento de la Dirección General de la Marina Mercante de Cartagena (el Off Valencia), así como un pesquero y una embarcación neumática zodiac de la Cruz Roja de Torrevieja, teniendo que volver estas dos últimas a tierra firme por el estado del mar. A toda esta flota habría que sumarle el apoyo aéreo de un avión del Servicio Aéreo de Rescate de la Patrulla Marítima con base en Palma de Mallorca y dos helicópteros, uno de la Diputación Provincial de Alicante y otro del Servicio de Salvamento y Rescate de Murcia.

El Saga Siglar Hallen – Viking Documentary Center en Haholmen (Noruega). Fuente

Mientras que los 14 tripulantes del motovelero belga fueron rescatados ilesos en helicóptero, el Off Valencia divisó a los seis tripulantes del Saga Siglar al mediodía, pero no pudo rescatarles hasta las cinco de la tarde cuando se estaba hundiendo la embarcación debido a la dificultosa visibilidad y al estado del mar. No sería hasta dos horas y media después, en el momento en el que el remolcador volvía al puerto de Cartagena, cuando este rescató en las proximidades de Cabo de Palos a los cinco tripulantes del Oseberg, que se habían mantenido a salvo a la deriva atándose de pies y manos a lo que quedaba de una zodiac que estaba a punto de irse a pique por tener el fondo destrozado. En el mismo remolcador fueron asistidos por el personal sanitario, siendo ingresados dos tripulantes del Oseberg en el Hospital Virgen del Rosell de Cartagena por heridas leves, los cuales fueron dados de alta a las pocas horas tal y como informó la Embajada Noruega.

El mar de Tudmir y el viento de levante impidieron que estos experimentados aventureros y marineros escandinavos, entre los que se encontraban buena parte de los que habían dado la vuelta al mundo a bordo del Saga Siglarllegasen a Sevilla en barco tal y como estaban acostumbrados sus antepasados desde los ataques a la Isbiliya andalusí en el 844 o en la ya más amistosa visita de 1929.

Parte expositiva de la exposición temporal “Vikingos: Guerreros del Norte. Gigantes del Mar” en el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ). cantonioluis

Reyder Fostelien, uno de los once náufragos, explicó a la agencia EFE que las naves quedaron destrozadas, pero que se podrían recuperar parte de los restos. Ya en Sevilla montaron un campamento donde mostraron al público los peligros del mar y parte de los restos recuperados del Saga Siglar. Algunas de las partes fueron recuperadas y expuestas en el Saga Siglar Hallen – Viking Documentary Center en Haholmen (Noruega). Allí los visitantes también pueden navegar en el Kvitserk, otra réplica del Skuldelev 1 construida por Ragnar Thorseth en 1994 para sustituir al Saga Siglar. Además, en Tonsberg surgió la fundación The New Oseberg Ship Foundation con la idea de construir otra réplica del Oseberg con fines científicos y educativos, proyecto apoyado por el Viking Ships Museum de Roskilde. Tras el éxito de esta réplica actualmente se encuentran embarcados en la construcción de otra, el Klastad.

En el marco de los ataques vikingos en al-Andalus entre los siglos IX y XI, las tierras de Tudmir también sufrieron los estragos de las incursiones de los madjus. Sabemos que estos, encabezados por Hasting y Bjorn Costado de Hierro según el Relato de los hijos de Ragnar, en una expedición realizada desde tierras normandas entre los años 858 y 861 se apoderaron de la fortaleza de Orihuela y saquearon la ciudad, tal y como indica al-Nuwayri entre otros autores. Dada la escasez de fuentes que ofrecen información sobre la presencia vikinga en la Cora de Tudmir, y hasta que la Arqueología y otras fuentes ofrezcan algo de luz en este asunto, quede este doble naufragio vikingo en su 25 aniversario, aunque postmoderno y por ende descontextualizado, como recordatorio de la historia común entre la cultura vikinga y las costas de Tudmir.

Mapa del Sur de España de P. Starckman de 1705. Fuente

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