De la República Marítima de Bayyana a la Taifa de Almería. El poder en el mediterráneo andalusí

La costa del mar de Alborán en un portulano del siglo XIV. Pietro Visconte

Artículo originalmente publicado en Témpora Magazine:

Almería, ‘Puerta de Oriente’ y ‘la llave de la subsistencia’. Estos términos recogidos por Ibn Sa’id son unos de los tantos empleados durante el periodo andalusí para reflejar la importancia de esta ciudad junto al mar fundada oficialmente durante el Califato de Córdoba. Sin embargo, esta región, antes de ser sede de la flota califal y erigirse como reino independiente en el año 1014, tuvo como principal núcleo de población un enclave fuertemente vinculado al medio marítimo y que fue germen de la ciudad de Almería, pese a estar situado a seis millas de distancia. Y ese enclave no es otro que la ciudad de Pechina, Bayyana.

Relación de puertos entre las costas de al-Andalus y el Magreb según al-Bakri (siglo XI). Fuente

En el valle del Bajo Andarax, lugar donde se ubicaba la antigua ciudad romana de Urci, los emires de Córdoba atrajeron a tribus árabes yemeníes como los Banu Siray, Gassan y Ru’ayn con la intención de hacer frente a las incursiones que efectuaban en al-Andalus los vikingos o madjus (“infieles”) a mediados del siglo IX. Estas tribus crearon el iqlim (distrito) denominado Urs al-Yaman con capital en Bayyana, territorio habitado por una mayoría muladí pero con importantes minorías como la mozárabe o la judía. En un periodo en el que comenzaban a observarse síntomas de reactivación del tráfico marítimo en el mar Mediterráneo, llegará por parte de Abd al-Rahman II el primer intento del estado omeya de crear una flota estatal operativa para prevenir nuevas incursiones de los madjus, proyecto que no llegará a cristalizar en al-Andalus hasta el Califato de Córdoba.

Será en estos siglos cuando las fuentes escritas nos hablen de los bahriyyun (gente de mar o marineros), grupos de gentes de gran heterogeneidad tribal que se regían por consenso sin autoridad personalizada y que gozaban de una gran autonomía, tal y como defiende Xavier Ballestín. Esta diversidad les permitía una gran adaptabilidad para pactar con otros colectivos sin tener lazos de dependencia, relacionándose con los diferentes estados en los que se asentaban en términos de igualdad y mutua aceptación. Su facilidad para trasladarse y formar entidades autónomas en la costa en colaboración con tribus del entorno les permitó establecerse en lugares como MarsanaTurtusaSiqiliyyaTanasWahranFarahsinitBayyana y otros puntos de la costa alejados de los principales centros de poder. Estas confederaciones tribales llevaron a sus coetáneos y a la historiografía actual a concebirlos como piratas o colectivos políticamente acéfalos, recibiendo el término de República Marítima de Bayyana o Pechina por la forma de gobierno que llegaron a implantar.

Mapa del golfo de Almería. Fuente

Para centrarnos en el grupo de marinos que se asentaron en Bayyana, tenemos que remontarnos al siglo IX. Fue entonces cuando un grupo de bahriyyun andalusíes de las costas de Ilbira y de Tudmir, que mantenían fuertes relaciones comerciales e invernaban en un fondeadero de la costa del norte de África, fundaron Tanas “la moderna” (Tenes) en el año 262 h./875-876 dC según al-Bakri. Tras acondicionar un hisn (fortaleza) en este lugar y pactar con los bereberes de la región en dicha fecha, este mismo geógrafo nos relata lo siguiente:

 

Al llegar la primavera enfermaron y temieron que una epidemia se hubiera propagado por el lugar, por lo que la gente del mar que era de la gente de al-Andalus aprestó sus naves y manifestó públicamente a los que iban a quedarse allí de los suyos que irían a buscar víveres. Y fue en ese preciso momento que arribaron a Mariyyat al-Bayyana y se apoderaron de ella.”

Estos bahriyyun se instalaron al este del Urs al-Yaman y con el tiempo consiguieron derrocar en Bayyana a los árabes que dominaban la ciudad. Ante la delicada situación en la que se encontraba el emir Muhammad I, centrado en la fitna de Ibn Hafsun e Ibn Marwan, este no tiene más remedio que legitimar al gobernador elegido para si mismos por los bahriyyun en términos de igualdad y mutua aceptación. Ibn Hayyan y al-Himyari nos relatan como poco después, los bahriyyun aumentaron la población de la ciudad y su región, tanto por su importante actividad comercial como por su buen gobierno, al tiempo que construyeron o acondicionaron hasta veinte husun (fortalezas) de Urs al-Yaman en colaboración con las personas que allí habitaban. En el año 276 h./889-890 dC tenemos referencias de diferentes ataques que sufrió Bayyana, desde la incursión del Conde de Ampurias Sunyer II hasta los intentos de anexión que sufrieron de los árabes de la Cora de Ilbira a la que anteriormente pertenecía esta región. La siguiente cita de al-Himyari nos habla del desarrollo de Pechina en estos momentos:

«Cerca de Pechina se encontraba la Mezquita Aljama de la comarca, aunque Pechina estuvo formada por barrios dispersos hasta que se instalaron en ella los marinos, que dominaron a los árabes e impusieron su autoridad, unieron los barrios dispersos y construyeron su muralla, siguiendo el modelo y disposición de Córdoba[…] La ciudad constituyó una residencia apacible y un asilo seguro para todos los que fueron a instalarse allí o a refugiarse en ella. Importaban de África todos los artículos necesarios para su aprovisionamiento, así como los objetos de comercio. Y esta fue igualmente una de las razones que motivaron la llegada e instalación de nuevos habitantes. Comenzaron a proliferar los arrabales en torno a ella.»

Ilustración de la distribución urbana de la Almería andalusí. Fuente

Cuando en el siglo X se consolidan los estados islámicos en ambas orillas del Mediterráneo occidental, Magreb y al-Andalus, poca maniobrabilidad les quedaba a los bahriyyun, tanto por los impuestos que tienen que pagar como por la pérdida de su autonomía. Aunque las fechas varían según la fuente que empleemos, tras una serie de revueltas, la dependencia de Bayyana del estado omeya se consumó entre el 912 y el 923. Al nombrar Abd al-Rahman III a gentes de su confianza como gobernadores de Bayyana, será cuando los bahriyyun de esta ciudad serán sometidos, tal y como ocurrió en otros puntos costeros del mediterráneo islámico como Tanas o Wahran. Tras la pérdida de la independencia de los bahriyyun de Bayyana, esta región no volvería a formar parte de la Cora de Ilbira, sino que formaría una nueva demarcación territorial denominada Cora de Bayyana, diferencia que se mantendría en la formación de las dos taifas de Granada y Almería a principios del siglo XI.

Este será el momento en el que Abd al-Rahman III, tras imponer su autoridad indiscutida, podrá establecer una flota de guerra regular con personal especializado para controlar el tráfico marítimo y realizar operaciones bélicas anfibias. Los bahriyyun seguirán caminos paralelos a esta nueva marina oficial de guerra hasta que los primeros dejarán de existir como entidades autónomas para formar parte de la citada marina.

Será por tanto la intervención centralizada de este califa la que provoque el declive de la ciudad de Bayyana en beneficio de al-Mariyyat Bayyana, lugar donde Bayyana ve el mar y se situaba una mariyya (torre vigía) junto a su puerto. De esta forma Abd al-Rahman III realiza el traspaso de poder con la intención de dominar el mar de Alborán y luchar contra la amenaza del Califato Fatimí de Túnez, estableciendo una nueva ciudad bien fortificada que fuese sede del almirantazgo y de la flota califal.

La Alcazaba de Almería. cantonioluis

Al-Mariyya pasaría a ser la capital de la Cora, mientras Pechina perdería gran parte de su población y pasaría a ser un centro sufí de gran importancia que se arruinaría en la segunda mitad del siglo XI, según nos informa al-Udri. La fecha clave será el año 955, momento en el que el enclave costero reciba el título de medina, denominándose Madinat al-Mariyyat Bayyana, y en el que se efectúa la ampliación del puerto, del recinto mural y la construcción de la alcazaba. Surgía así una nueva ciudad de planta califal, reflejo del poder del estado omeya con una estructura urbana que giraba en torno a la doble polaridad entre medina y alcazaba. De la importancia de la ciudad habla al-Zuhri en el siglo XII:

“es la alcaicería y la atarazana de al-Andalus. En esta ciudad se encuentra una importante Alcazaba, no hallándose otra mejor ni más inexpugnable que ella. […] No hay en al-Andalus otra ciudad más importante que Almería por los navíos de guerra y el movimiento portuario que en ella hay. El número de embarcaciones de este tipo alcanzaba el centenar. Y no hay ciudad alguna que haya alcanzado esta cifra.”

Mapa aproximado de los Reinos Taifas del siglo XI. Fuente

Tras la muerte de Almanzor en el año 1002 comenzó la decadencia del Califato de Córdoba, un periodo de inestabilidad y guerra civil que acabó con la desintegración del territorio andalusí en casi cuarenta reinos taifas y en el derrocamiento del último califa de Córdoba, Hisham III, en el año 1031. Entre los oficiales del ejército de Almanzor se encontraba Jayrán al-Amiri, un esclavo eslavo que hizo fortuna en el ejército y que llegó a ser nombrado hagib (primer ministro) del califa Hisham II y wali (gobernador) de la ciudad de Almería por Almanzor. Al ir a socorrer a Córdoba al legítimo califa, dejó a cargo de Almería a su lugarteniente Abu Hamit, momento en el que se produjo la revuelta del caudillo eslavo Aftah. Jayrán, dado por muerto, fue el primer rey taifa de Almería al entrar con su ejército en julio del 1014 tras dos semanas de asedio, tal y como relata al-Udri.

Jayrán realizó una serie de obras edilicias de gran importancia en la ciudad antes de su muerte en el verano de 1028, como la ampliación de la mezquita o la construcción de murallas y puertas. Le sucedió su lugarteniente Zuhair al-Amiri, en cuyo reinado se continuó con las obras de los dos arrabales que se desarrollaron y amurallaron en la ciudad: al-Musalla y al-Hawd. Durante estas primeras décadas se produjo la consolidación y ampliación de las fronteras de la taifa, un vasto y efímero territorio que llegó a extenderse por Granada, Jaén, Murcia y Játiva, pero que pronto se vio reducida a los límites de la provincia actual de Almería y a una pequeña parte de las provincias colindantes. A Zuhair al-Amiri le sucedió Abu Bakr al-Ramini en 1038, el cual no pudo evitar que en ese mismo año el rey taifa de Valencia y nieto de Almanzor, Abd al-Aziz ibn Abi Amir, entrase en Almeria en 1038 y se anexionase el reino.

Fotografía desde el mar de Almería y su Alcazaba en 1959. Fuente

Ma’n ibn Mohammed ibn Sumadih, gobernador de Almería, lograría independizarse poco después formando la nueva dinastía de los Banu Sumadih, pero se quedaría fuertemente reducida ante la proclamación de las taifas independientes de Lorca en 1042 y de Murcia en 1065, esta última bajo el linaje de los Banu Tahir. El joven al-Mutasim subió al trono almeriense en 1054, último periodo de esplendor de la taifa en el que la ciudad gozó de un gran desarrollo cultural. Finalmente, Almería sería conquistada por los almorávides en 1091, poco después de la muerte del último rey taifa Ahmad Mu’izz al-Dawla.

La ciudad de Almería no recuperaría el esplendor que vivió durante el Califato y su taifa. Tras la conquista en 1147 de la ciudad por una coalición cristiana de francos, pisanos y genoveses dirigida por Alfonso VII de Castilla y su posterior recuperación por los almorávides en 1157, su situación no igualaría la que viviera en aquel periodo, ni siquiera al pasar a formar parte del floreciente Reino de Granada en 1238 hasta su conquista por los Reyes Católicos en 1489.

De esta forma vemos como el esplendor de Bayyana estuvo vinculado a la acción de los bahriyyun en interacción con las gentes del entorno, al igual que la formación y desarrollo de la ciudad de Almería lo estuvo a la dirección centralizada de Abd al-Rahman III y al aprovechamiento del sustrato previo que aportaron esas gentes de gran autonomía y heterogeneidad tribal: una íntima relación con el medio marítimo como puerta y llave a la prosperidad que ofrece el Mediterráneo.

La costa del mar de Alborán en un portulano del siglo XIV. Pietro Visconte

Bibliografía|

BALLESTÍN NAVARRO, X., “La segmentación de grupos clánicos bereberes y la actividad de los bahriyyûn (gentes del mar) en el Mediterráneo occidental durante la alta edad media (al-Andalusal-Maghreb, Siqilyya)”, De la sociedad islámica a la feudal. Veinte años de al-Andalus. Homenaje a Pierre Guichard (Granada-Valencia, mayo 1996), en prensa.

GUICHARD, P., “Los inicios de la piratería andalusí en el Mediterráneo occidental (798-813)”, Estudios sobre historia medieval. Valencia: Institució Valenciana d’Estudis i Investigació, 1987, pp. 73-103.

GURRIARÁN DAZA, P.; MÁRQUEZ BUENO, S., “La Almería medieval como fortaleza”, La Alcazaba. Fragmentos de una historia de Almería. Almería: Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2005. pp. 57-72.

LIROLA DELGADO, J., El poder naval de al-Andalus en la época del Califato Omeya, Granada: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada, 1993.

MOLINA LÓPEZ, E.; ALVAREZ DE MORALES, C., “Repertorio de noticias geográficas sobre Almería islámica”,Homenaje a la Profesora Elena Pezzi. Granada: Universidad – Diputación Provincial de Almería, 1992. pp. 77-86.

SÁNCHEZ MARTÍNEZ, M., “La cora de Ilbira (Granada y Almería) en los siglos X y XI, según al-Udri (1003-1085)”,Cuadernos de Historia del Islam, Nº 7. Granada: Univeridad de Granada, 1976. pp. 5-82.

TORRES BALBÁS, L., “Almería islámica”, Al-Andalus: Revista de las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y Granada, Vol. 22, Nº 2. Madrid: Instituto Miguel Asín, 1957. pp. 411-453.

VV.AA., Al-Andalus y el Mediterráneo, Barcelona: Lunwerg, 1995.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*