“Lo que golpea a Murcia hiere a París”. La trágica Riada de Santa Teresa

Plano de finales del siglo XVIII de los lotes de tierras situados entre La Alberca y El Palmar y el canal del Reguerón

Las crecidas del río Segura han sido una preocupación constante para la sociedad murciana a lo largo de la Historia. Pese al aspecto manso del río, este aumenta impresionantemente su caudal en época de lluvias torrenciales, provocando así grandes crecidas que amenazan las vidas de aquellos que se aventuran a habitar en su fértil valle.

Grabado del The Graphic de la Riada de Santa Teresa en Orihuela. Fuente

Desde sus orígenes, la ciudad de Murcia fue un espacio perfectamente planificado y concebido para la explotación agrícola de su fértil huerta, existiendo desde su nacimiento una relación indisoluble entre ambas. Numerosas obras de captación, acumulación y conducción forman esta red hidráulica necesaria para el aprovechamiento del agua, convirtiéndose elementos como acequias, azarbes, azudes o norias en indispensables para conseguir una óptima producción en los cultivos irrigados.

Al estar situada en uno de los puntos más bajos del valle, Murcia era un blanco fácil para las fuertes crecidas del río. Las numerosas catástrofes que asolaron la ciudad fueron los principales motores para el avance en el control del cauce del río Segura. Mientras que sabemos que la muralla islámica de la ciudad era de un grosor mayor junto al río para evitar inundaciones, se tiene conocimiento de una violenta crecida que asoló los arrabales de Murcia el 20 de septiembre de 1452.

Sin embargo, sería la riada de San Calixto la más catastrófica de las que sufrió Murcia con más de 1.000 muertos entre el 14 y el 15 de octubre de 1651. Esta tragedia, junto a la riada de San Severo, fue una de las principales razones para la construcción del actual Malecón en 1735. No acontecería una tragedia similar en nuestra tierra hasta la rotura del pantano de Puentes en Lorca el 30 de abril de 1802 con 608 fallecidos.

Uno de los principales culpables de estas catástrofes era el encuentro de los ríos Segura y Guadalentín muy cerca de la ciudad, no siendo solucionado este problema hasta 1745 con la construcción del canal del Reguerón. Con esta obra se trasladaba el encuentro entre los ríos aguas abajo de la ciudad de Murcia, pero su construcción no evitó la tragedia en octubre de 1879.

Grabados “The floods in Murcia, Spain” de la portada del periódico británico “The Graphic”. Fuente

La riada de Santa Teresa acaeció en la madruga del 14 al 15 de Octubre de 1879 provocando la muerte de más de 1.000 personas: 761 en Murcia, 300 en Orihuela, 86 en Puerto Lumbreras, 13 en Lorca, 2 en Librilla y 1 en Cieza. Todo ello al tiempo que perecían 22.000 animales y se destruyeron 5.000 casas y barracas. Según el informe organizado por el Ministerio de Fomento, esta riada afectó a una zona de unas 24.000 hectáreas entre los ríos Guadalentín y Segura.

Esta riada, que adoptó el nombre del santoral del día de la catástrofe, fue provocada por la alta concentración de precipitaciones de elevada intensidad en buena parte del Sureste peninsular. Desde el Valle de Almanzora, el Levante Almeriense y Los Vélez se extendieron estas lluvias hasta la provincia de Murcia a través de la comarca del Guadalentín.

Lorca fue el municipio más afectado en extensión, inundándose el barrio de San Cristóbal y calles como Charco, Puente de los Carros y Rambla. Al tiempo que Totana, Alhama y Librilla sufrieron el paso del río Guadalentín, ríos del Noroeste como el Mundo, Alhárabe, Argos y Quípar sufrieron fuertes crecidas. Además, el río Mula destruyó la presa vieja y en Cieza numerosas acequias sufrieron destrozos.

Pese a que las lluvias fueron más intensas en Lorca, la peor parte la sufriría la huerta murciana por la confluencia de los ríos Guadalentín y Segura. El canal del Reguerón se vio desbordado por el caudal proveniente del río Guadalentín por un inusual episodio de precipitaciones, inundándose pedanías como Beniaján, La Raya o Aljucer y llevándose la peor parte Nonduermas. Otras pedanías que sufrieron fuertes inundaciones fueron la Albatalía, Espinardo, Churra y Monteagudo.

“La Inundación”, obra de Muñoz Degrain inspirada en la riada de Santa Teresa. Fuente

La situación en la ciudad de Murcia también era desoladora. Los cauces de los dos ríos convergieron en ella para inundar la parroquia de San Benito (actual barrio del Carmen), comenzando a repicar las campanas de la Catedral, parroquias y conventos. La fábrica de gas inundada dejó a la ciudad a oscuras, mientras que el Malecón se vio sobrepasado por las aguas que anegaron barrios de la ciudad como San Andrés, San Pedro y San Juan. Al tiempo que el Palacio Episcopal se convirtió en refugio ante las aguas, edificios como el hospital o la cárcel quedaron sepultados bajo el agua cuando esta alcanzó una altura de más de diez metros sobre el lecho del cauce. La tragedia no finalizaría hasta desembocar el Segura en Guardamar, asolando la huerta oriolana y gran parte de la Vega Baja.

La ciudad inundada y toda la producción agrícola del verano perdida. El repicar de las campanas acompañado del sonido de las caracolas en el aire de la huerta vaticinaban una estampa desoladora en la que solo las labores de rescate podían ofrecer un halo de luz. Mientras que un equipo de buzos, marineros y botes llegaba en tren desde Cartagena, el revolucionario Antonete Gálvez asumía parte de la organización de los problemas de esta inundación en los últimos años de su vida.

Portada de “El Diario de Murcia” el 16 de octubre de 1879. Fuente

Martínez Tornel en “El Diario de Murcia” propagó la campaña de ayuda con una impactante portada, una edición cuya información solo hacía referencia a la tragedia y una carta dirigida al rey Alfonso XII cuya respuesta no tardaría en llegar. El 20 de octubre arribó a Alcantarilla el monarca y estuvo durante tres días visitando la huerta murciana y oriolana.

Martínez Tornel describió con brutal dramatismo la situación en “El Diario de Murcia” con frases como “solamente la llama de los hachones daba un aspecto más pavoroso al terrible cuadro. Se oían gritos por todas partes”, al tiempo que un policía informa que “algunos han muerto ahogados en las mismas moreras en las que se ataron para evitar que se los llevara la corriente”.

El 18 de octubre “El Imparcial” envió un corresponsal a Murcia para sensibilizar a la sociedad española con el fin de recaudar fondos. Otros diarios como “El Globo”, “La Correspondencia” y “El Liberal” hicieron lo mismo, mientras que “La Ilustración Española y Americana” hizo un amplio reportaje gráfico para posteriormente realizar una serie de grabados que vieron la luz el 30 de septiembre. Además, “La Gaceta” abrió suscripciones para que todos los municipios españoles contribuyesen, y el 31 de octubre se creó la Junta Central de Socorros formada por periodistas murcianos y corresponsales.

La prensa española se hizo eco de la visita de Alfonso XII y comenzaron las donaciones desde todas las partes del mundo. En más de 30 países se realizaron actos benéficos y se recibieron donativos hasta después de 5 años, destacando la ayuda prestada por personajes insignes de la época como la desterrada reina Isabel II o el papa León XIII.

Homenaje a José María Muñoz y Bajo de Mengíbar en Murcia del escultor Federico de la Vega. Fuente

Entre estas donaciones cabría destacar la realizada por el acaudalado José María Muñoz, que donó 500.000 pesetas a Murcia y 2.000.000 de reales a la ciudad de Orihuela, pudiéndose ver actualmente estatuas en su honor al final del Malecón en Murcia, en la plaza de Monserrate de Orihuela y en la plaza de la Constitución en Cuevas de Almanzora.

Sin embargo, de entre todos los actos de solidaridad que surgieron tras la trágica riada, el que más resonancia tuvo fue sin duda el proveniente de Francia con la publicación del periódico ilustrado “Paris-Murcie”. Se trataba de un número único editado para recaudar fondos para la catástrofe, contando entre sus 24 páginas con poesías y artículos de célebres escritores de la talla de Alejandro Dumas, Emilie Zola y Víctor Hugo. Edouard Lebey, director de la agencia francesa Havas, fue el promotor de dicha iniciativa por su sensibilización con tragedias de este tipo como la que sufrió el norte de Francia poco tiempo atrás.

El 14 de diciembre fue publicada “París-Murcie”, celebrándose una fiesta en el Hipódromo de París para la ocasión y llegando a venderse unos 300.000 ejemplares al precio de un franco. Destacan en esta publicación el impactante grabado de portada de Gustave Doré, la poesía dirigida a Murcia por Paul Perouléde, las emocionantes palabras de Víctor Hugo o las firmas de personalidades españolas como Emilio Castelar, Cánovas del castillo o el general Martínez Campos.

Los periodistas murcianos estaban en deuda con sus colegas franceses, por lo que editaron el periódico de número único “Murcia-París” que sería publicado el 18 de diciembre. La finalidad de esta publicación no era otra que agradecer toda la solidaridad que había recibido Murcia del país galo, tal y como expresa esta propia publicación:

“los murcianos todos hemos contraído en las presentes circunstancias un deber de gratitud, no sólo en París, sino con la humanidad entera, y que estamos en el deber de cumplirlo de la manera que los hijos de Murcia saben hacerlo”

En este periódico con publicaciones de figuras como José Echegaray, Díaz-Cassou y Martínez Tornel, se ensalzaba la cultura francesa con poesías, se hablaba de las tradiciones de Murcia e, incluso, se hablaba de los lazos de unión entre Murcia y Francia con el análisis de linajes murcianos procedentes de este país. Actualmente en la plaza Hernández Amores de Murcia, a la que los murcianos solemos llamar plaza de la Cruz, se encuentra una placa en la que los periodistas murcianos agradecen a los diarios españoles haber conmovido al mundo con su ayuda.

Grabado de la portada del periódico “Paris-Murcie” de Paul Gustave Doré. Fuente

 

También se visibilizó la tragedia en el mundo de la cultura con el conjunto de poesías de Luis Seco de Lucena titulado “Granada-Murcia”, la obra teatral “El 14 de octubre, o la Inundación y Ruinas de Murcia” de Jaime Piquet y Piera o el Libro de la Caridad. Esta última obra era una recopilación de composiciones poéticas de artistas como Emilia Pardo Bazán, Balaguer o Pedro Antonio Alarcón.

No sería hasta el 22 de mayo de 1884 cuando comenzarían a tomarse medidas decisivas para regular el río Segura tras una fuerte avenida. Pese a que en 1885 se celebró en Murcia el Congreso contra Inundaciones en el Valle de Segura, y un año después los ingenieros Ramón García Hernández y Luis Gaztelu sacaran el “Proyecto de Obras de Defensa contra las Inundaciones en el Valle del Segura”, la mayoría de actuaciones se atrasaron un siglo.

A lo largo del siglo XX se emprendieron medidas para su regulación mediante la construcción de embalses o canales de derivación, sobre todo con el Plan de Defensa de Avenidas de la Cuenca del Segura de 1987 tras las numerosas riadas sufridas en las últimas décadas. Con este proyecto  se llevaron a cabo importantes obras de encauzamiento y de presas para evitar futuras tragedias como esta.

Innumerables son las riadas que sufrió esta tierra a lo largo de los siglos pero, entre ellas, la de Santa Teresa fue una de las que más impacto causó en la memoria colectiva. No solo por la magnitud de la catástrofe, sino por la inmensa solidaridad que recibió Murcia de numerosos puntos del mundo durante largo tiempo. Gracias a la forma en que fue retratada a partir de diferentes medios de comunicación, el pueblo murciano cobró una deuda humanitaria impagable para superar una situación tan trágica como la que sufrió nuestra tierra aquel octubre de 1879. Un halo de esperanza a recordar en un momento en que desde la Catedral de Murcia toda la huerta era un mar.

Plano de la Huerta de Murcia de 1809 (Pablo del Villar). Fuente

Bibliografía|

FERRERAS FERNÁNDEZ, C.: Inundaciones y sequías en la cuenca del río Segura, Murcia: Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, 2004.

GARCÍA, R. y GAZTELLU, L.: Proyecto de Obras de Defensa contra Avenidas en el Valle del Segura, Murcia: Confederación Hidrográfica del Segura, 1886.

GONZÁLEZ LÓPEZ, S.: “La Avenida de Santa Teresa, 14-15 de octubre de 1879, en la ciudad y término de Lorca”, Alberca, Nº 12. Lorca: Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Lorca, 2002. pp. 183-207.

TORRES FONTES, J. y PEREA Y GÓMEZ, A.: “La Riada de Santa Teresa del año 1879”, Murgetana, Nº 18. Murcia: Real Academia Alfonso X, 1962. pp. 25-69.

VVAA: Paris-Murcie, París: Comité de Prensa Francesa, 1879.

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